La admiración que el autor
siente por sus dos hermanos mayores le lleva a investigar en sus vidas, desde
la infancia hasta la madurez, y descubrir qué sucedió entonces y qué relación
tienen los hechos de antaño con el presente, y cómo explican la propia historia
familiar. Miguel y Eduardo, que así se llaman, sintieron la vocación y se
marcharon de casa para entrar en dos órdenes religiosas diferentes. Si en el
caso de Miguel fue una vocación real, en Eduardo las razones de su marcha son
de otra índole. Gonzalo Celorio cuenta en Los apóstatas las vidas de estos dos
hombres, con sus luces y sus sombras, primero desde su visión de niño —el
pequeño de una familia de doce hermanos— y después, ya como adulto, buscando
respuestas a las cuestiones que le han asaltado a lo largo de toda su vida.
Una indagación dolorosa sobre los secretos de los seres
queridos. Un retrato desgarrador de una familia, de un tiempo, de un país.
«Maldita
sea la hora en que se me ocurrió escribir esta novela». Con esta frase, Gonzalo
Celorio abre Los
apóstatas, una novela que en su propio proceso de escritura va
descubriendo las historias secretas y atroces de los dos protagonistas: sus
hermanos Eduardo y Miguel, personajes que se ven compelidos a abrigar una
vocación religiosa en la que ambos fracasan, pero que, de diferentes modos, los
marca de por vida. Tras su apostasía, se enfrentan a dos destinos
contrapuestos: uno se orienta por los caminos de la teología de la liberación,
trabaja en las comunidades indígenas de México y participa en el proceso
político que acabó con la dictadura somocista de Nicaragua; otro se dedica al
estudio de la arquitectura barroca mexicana y acaba poseído por una obsesión
satánica que lo obnubila en sus últimos días. Novela dolorosa, crítica,
denunciatoria, admirablemente escrita, Los
apóstatas construye ante nuestros ojos un retrato desgarrador
de una familia, de un tiempo y de un país.
Gonzalo
Celorio, Premio Cervantes 2025
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El jurado ha destacado al autor mexicano por “la
excepcional obra literaria y labor intelectual con la que ha contribuido de
manera profunda y sostenida al enriquecimiento del idioma y de la cultura
hispánica”
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Además, ha resaltado que “a lo largo de más de cinco
décadas, ha consolidado una voz literaria de notable elegancia y hondura
reflexiva en la que conjuga la lucidez crítica con una sensibilidad narrativa
que explora los matices de la identidad, la educación sentimental y la pérdida.
Su obra es al mismo tiempo una memoria del México moderno y un espejo de la
condición humana”

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