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sábado, 26 de febrero de 2022

LA CAMPANA DE CRISTAL de Silvia Plath

 


En febrero de 1963, apenas un mes después de publicar una novela sobre una poeta que intenta suicidarse, Sylvia Plath se suicidó, lo que alteró para siempre la lectura y el significado de esa novela, que fue también la única que llegó a completar. La que iba a ser la segunda ardió a manos de la propia autora.

La campana de cristal traslada a la ficción algunos hechos sucedidos diez años atrás, cuando Plath, que estudiaba en Smith, ganó el concurso de la revista Mademoiselle y pasó, junto a otras once chicas universitarias, un verano trabajando en la revista en Nueva York y alojándose en la famosa residencia para chicas Barbizon. Ahora, 56 años después de su publicación, La campana de cristal vuelve a editarse en castellano, con una nueva traducción a cargo de Eugenia Vázquez Nacarino (reciente ganadora del importante premio traducción Esther Benítez por su trabajo con Una noche en el paraíso, de Lucia Berlin y traductora de Margaret Atwood, Henry James y Cynthia Ozick entre otros autores) y un prólogo de la escritora Aixa de la Cruz, que resitúa este libro tan irremediablemente unido a su propia leyenda en el contexto del resurgir feminista que se está notando también en el mundo editorial, pero invita a leerlo lejos de todo ruido, a sumergirse “en un texto donde la ironía y el ingenio brillan por encima de la pesadumbre”.

“Nos parecía interesante hacer una Operación Plath, conectando con el momento feminista que se está viviendo y buscando llegar a nuevos lectores, por eso era importante encargar también una nueva traducción que actualizase la anterior, que era de los noventa”, explica el editor, Albert Puigdueta. Junto a la novela, se publican también el cuento inédito Mary Ventura y el noveno reino, con epílogo de Mariana Enríquez e ilustraciones de Mònica Bonet y una breve selección de poemas escogidos por Luna Miguel.




sábado, 19 de febrero de 2022

CON UN TRAJE DE LUNA - Diálogo de voces femeninas de la primera mitad del siglo XX - Edición de Pepa Merlo

 


Más de diez años después de la aparición de Peces en la tierra, la antología donde Pepa Merlo reunió a las mujeres poetas "en torno a la Generación del 27", la estudiosa granadina actualiza y amplía su trabajo para ofrecer una nómina más extensa que abre el arco temporal de publicación hasta la posguerra y el medio siglo. A las veinte autoras entonces seleccionadas, que sumaban a los nombres más conocidos otros menos divulgados como los de Lucía Sánchez Saornil, María Luisa Muñoz de Buendía, Dolores Catarineu, Casilda de Antón del Olmet, Cristina de Arteaga, Pilar de Valderrama, Concha Espina, Susana March, Elisabeth Mulder, María Teresa Roca de Togores o Marina Romero, se añaden ahora otros como los de Concha Zardoya, Ángela Figuera Aymerich, Marga Gil Roësset, Zenobia Camprubí, Susana March, Mercedes Pinto, Margarita Pedroso, Marina de Castarlenas o Ana María Martínez Sagi. La nueva edición, Con un traje de luna, mantiene su propósito reivindicativo y profundiza en el estudio crítico, inseparable del contexto de la España de esos años. La antóloga señala los conflictos, las miradas y las influencias que distinguen a las autoras y relaciona su aportación a la poesía con otros géneros y disciplinas artísticas.





sábado, 12 de febrero de 2022

ARDE ESTE LIBRO de Fernando Marías


 

¿Qué voy a encontrar si leo Arde este libro? Un paseo por los 80 y la decadencia del alcoholismo. Una novela que reflexiona sobre el tiempo y el amor. ¿Acaso no lo hacen todas? Un reflejo en la ficción del pasado que interpreta la memoria y del futuro proyectado que hace cameos en el presente narrativo como Hitchcock en sus largometrajes. La imposibilidad de separarse del todo, mientras quede aliento, de esas almas con las que estamos irreversiblemente conectados. Para mí, la canción sería “We must never be apart”, de los Smaching Pumpkins. 

¿O acaso eres de esos espíritus ingenuos que creen que pueden decidir con quién vivir? Tu ego y tu cerebro tomará caminos, sin duda ejecutará elecciones en sentido militar, que la vida se encargará de emborronar. Leyendo Arde este libro, respiro y acepto que cada uno venimos de una historia, de una biografía, de unabios-graphía, y por mucho que nos empeñemos, ese es el manantial, la fuente de la que surgen nuestras vivencias. A esa historia pertenezco. Enfrentar la verdad es el principio del camino del perdón.

Verónica empezó a beber porque un Fernando Marías de la movida le dijo que estaría mejor, que ambos serían más felices, que su vida sería intensa y excepcional. Pero las drogas, todas, las legales y las ilegales, son el peor tumor de esta sociedad. Las legales incluso más nocivas y letales porque están en todas partes. Admiro la voluntad y la katarsis de Fernando Marías en la historia que cuenta en Arde este libro. Por cierto, el título queda justificado en la primeras línea de una fuerza sublime: “Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro”

Si habéis nacido a finales de los 70 como yo (OMG!) reconoceréis la afirmación: “Fuego camina conmigo”. Si no, ya estaréis pidiendo ayuda a papá G. El fuego purificador hizo arder “La luz prodigiosa”, la primera novela de Fernando Marías, que fue llevada al cine en la que se narra el asesinato de Federico García Lorca, entre muchas otras cosas que no son menores, pero que pocas veces se nombran. Entre ellas, la sagrada luz, en sentido laico, que ilumina y te hace ver. No la del conocimiento ni mucho menos la de los Iluminati. Podría ser la luz de la llama, de la hoguera o incluso del hogar, donde estaba el fuego. “Hogar” es donde está mi familia, donde está mi amor, podríamos decir. “Era mentira, pero fue verdad” (p.41)



sábado, 5 de febrero de 2022

TODAS NUESTRAS MALDICIONES SE CUMPLIERON de Tamara Tenenbaum

 


Cada libro de Tamara ha salido como una especie de prolijo conjuro que da la fuerte sensación de conocerla, de que cada uno invita a sentarse a una mesa distinta con ella, pero siempre para tomar un café y hablar de las cosas cotidianas: el amor, el trabajo, la familia. Sin intensidad dramática, sin frialdad excesiva aunque se califique de “cínica”. La novela completa esa magia y va de la mano con sus cuentos, porque sigue el mismo estilo: una cierta incomodidad, cotidianidad, intimidad no exagerada, relatos que no presentan principio ni final definidos.

Bajo esas pautas, Tamara cuenta escenas de su vida entre las cuales hay una relación a veces más clara, a veces menos, a veces guiada por la comprensión de ese conjuro visto en conjunto. Sin detenerse de más pero tampoco superficialmente, la autora cuenta cómo su padre murió en el atentado a la Amia; qué hicieron con la indemnización; que su mamá era médica y una de sus hermanas, física; cómo era la relación con sus abuelos; recuerda a algunas amigas; hace algunas reflexiones como al pasar sobre la fe, la religión, la plata, Buenos Aires.

También, y de nuevo sin morbo, sus recuerdos de la comunidad judía ortodoxa y de su salida de ella al entrar a un secundario laico. Las mujeres toman protagonismo pero sin ningún tipo de feminismo posado, los hombres están pero se sabe más bien poco de ellos.

“Yo no sé nada de detalles: se nota en como escribo, las cosas chiquitas siempre se me escapan por los costados”, dice, aunque es una afirmación un poco injusta. Su relato está lleno de detalles, a veces menores y a veces más relevantes pero sobre todo sensatos de alguna forma, detalles que calibran escenas de acontecimientos grandes. Con naturalidad, con una “poesía involuntaria” que le sale un personaje y también a ella pero ni remotamente edulcorada, con reflexiones sencillas pero no obvias.

Con equilibrio, como quien puede hacer una pausa esquiva y mirar las idas y venidas de la vida, más o menos únicas pero que siguen algún patrón que nos es común a todos. Y escribirlas, de esta forma: “Creo que yo tengo con la escritura la misma relación que tienen con Dios los ateos que se están por morir y empiezan a rezar: sabemos que no sirve para nada pero lo hacemos”.