¿Por qué el poeta más internacional de nuestra lengua yace aún en
una fosa desconocida? ¿Cómo es posible que, como rezan sus anticipatorios versos,
casi un siglo después Lorca susurre «no me encontraron»?
En el 90 aniversario de su muerte, el experto hispanista Ian Gibson
publica esta crónica minuciosa que relata su personal visión sobre
las causas, intereses y desintereses que han llevado a este
silencio.
España todavía mantiene abandonadas en cunetas y fosas comunes a
unas 115.000 víctimas del longevo y brutal régimen dictatorial de Francisco
Franco. El más amado y llorado de estos desaparecidos es Federico García Lorca,
«paseado» en agosto de 1936 a las afueras de Granada a los 38 años. Parece
inimaginable que no sepamos aún, casi un siglo después, dónde yacen sus restos
mortales.
Este libro es una crónica de ese olvido. En el año 2010, Ian
Gibson publicó el diario que escribió, obsesivamente, durante la primera y
fallida búsqueda oficial del poeta el año anterior, en el municipio granadino
de Alfacar. La primera parte reproduce íntegramente aquel texto desolador. La
segunda, inédita, relata lo ocurrido alrededor de la investigación durante los
tres lustros siguientes.
El hecho de que Granada, expresada por García Lorca con más
hondura que por ningún escritor nunca, siga sin revelar su último paradero es
vergonzoso. Siguen desoyendo la petición formulada en su elegía por Antonio
Machado, otro andaluz genial, a los pocos días del magnicidio:
Labrad, amigos,de piedra y sueño, en la Alhambra,un túmulo al
poeta,sobre una fuente donde llore el agua,y eternamente diga:el crimen fue en
Granada, ¡en su Granada!

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