La novela que narra una apasionada historia de amor de
Teresa de Jesús.Teresa de Jesús tuvo un gran amor: Jerónimo Gracián. Seductor,
bien parecido, elocuente y dotado de excepcional inteligencia, fue su más
fiel aliado en la reforma del Carmelo. Las cruentas batallas entre los
carmelitas calzados y los descalzos son el telón de fondo
sobre el que se proyecta la íntima amistad de la monja y el fraile.
Viajes, fundaciones, procesos y cautiverios, crímenes reales o venenosas
habladurías se suceden en un relato trepidante. Amena y por momentos
perturbadora, Sus ojos en mí arroja luz no usada sobre el perfil más
humano de la santa, rescata del olvido la fascinante figura de su adorado
Gracián y describe las consecuencias que después de la muerte de Teresa y
hasta su propia muerte tuvo para él la permanente mirada de ella.erónimo
Gracián,
“Es
una historia de dos”, ha destacado Delgado, que ha remarcado que en su obra
“Santa Teresa de Jesús solamente aparece en relación con Jerónimo Gracián”. “Se
trata de una historia verdaderamente apasionada. Surgió hace ya 30 años cuando
le pedí a un amigo consejo para iniciar una novela sobre San Juan de la Cruz y
me dijo que era un personaje extraordinario, pero que apenas tuvo acción”, ha
detallado.
“No
se ha tratado de hacer una nueva historia” sobre la santa, ha seguido y ha
indicado que ha puesto “el foco en la historia” entre ambos. De modo que siguió
“su epistolario” y así ha construido “esta narración y este relato y como
consecuencia es una novela sobre el poder”.
“No
pensaría en un amor carnal, pero sí sensual. Sería obsceno sospechar y tratar
de desfigurar esto”, ha insistido y ha manifestado que “como escritora le ha
perjudicado ser Santa, porque ha ocultado lo enorme escritora que es”. Asimismo
ha afirmado que “es la mejor prosista española de todos los tiempos”.
Por
otra parte, ha señalado que también es la historia de “los efectos” de la
mirada de Santa Teresa en la vida del fraile que genera en él “una vida
desventurada”.
Así ha desvelado que el
nombre –‘Sus ojos en mi’–, surgió porque Santa Teresa “puso sus ojos en él
–Gracián–, de un modo apasionado, aunque él sufrió las consecuencias con
persecuciones”. Delgado ha afirmado que Gracián vivió un “verdadero calvario”
por seguir las ideas de una mujer en el siglo XVI. “La historia de Gracián es
una historia apasionante, daría para varias novelas”, ha estimado.
Asimismo, Fernando Delgado
ha concretado que el seudónimo elegido para presentase al premio, Juana
Dantisco, es el nombre de la madre del fraile Gracián. Sobre Gracián, ha dicho
que “aparece en la obra de Santa Teresa, pero no se cuenta su historia” y, sin
embargo, “con los retazos vas construyendola” y “ahí está el trabajo del
escritor” para poner de relieve “la relación entre los dos”.
«Hay cosas que no pueden
decirse, y es cierto. Pero lo que se tiene que escribir es lo que no se
puede decir.» Dragó hace suya esta frase de María Zambrano en esta novela
de no ficción donde todos los personajes, menos uno, aparecen con nombre
propio. La crónica de los delitos y el cautiverio de Luis Roldán, ladrón
con mando en plaza, chivo expiatorio del felipismo y protagonista del
mayor episodio de aislamiento penitenciario de nuestra historia, y la de
la trepidante búsqueda emprendida por el autor en seis países al hilo de
una dura peripeciapersonal se recortan contra el telón de fondo de la España de
las corrupciones, las imposturas y la picaresca. Dragó salta de la
España mágica de Gárgoris y Habidis a la España corrupta de la hora actual
y acomete una aventura literaria de alto voltaje. Nadie busque en este
thriller, en esta novela histórica, en este «yo acuso», en este «mea
culpa», en esta radiografía de un país enfermo, en esta mirada por el ojo
de la cerradura de la conciencia de un delincuente, periodismo a secas ni
árida investigación, aunque algo haya en él de lo uno y de lo otro, sino
confesión ajena y propia llevada al límite y literatura narrativa puesta
al servicio de la verdad. «No enseño. Cuento», decía Montaigne. Y eso es lo
que aquí, sin vestir togas ni subirse a púlpitos, hace su autor.
Es 1953 y Kilian abandona
la nieve de la montaña oscense para iniciar junto a su hermano, Jacobo, el
viaje de ida hacia una tierra desconocida, lejana y exótica, la isla de
Fernando Poo. En las entrañas de este territorio exuberante y seductor, le
espera su padre, un veterano de la finca Sampaka, el lugar donde se cultiva y
tuesta uno de los mejores cacaos del mundo. En esa tierra eternamente verde,
cálida y voluptuosa, los jóvenes hermanos descubren la ligereza de la vida
social de la colonia en comparación con una España encorsetada y gris;
comparten el duro trabajo necesario para conseguir el cacao perfecto de la
finca Sampaka; aprenden las diferencias y similitudes culturales entre
coloniales y autóctonos; y conocen el significado de la amistad, la pasión, el
amor y el odio. Pero uno de ellos cruzará una línea prohibida e invisible y se
enamorará perdidamente de una nativa. Su amor por ella, enmarcado en unas
complejas circunstancias históricas, y el especial vínculo que se crea entre el
colono y los oriundos de la isla transformarán la relación de los hermanos,
cambiarán el curso de sus vidas y serán el origen de un secreto cuyas
consecuencias alcanzarán el presente. En el año 2003, Clarence, hija y sobrina
de ese par de hermanos, llevada por la curiosidad del que desea conocer sus
orígenes, se zambulle en el ruinoso pasado que habitaron Kilian y Jacobo y
descubre los hilos polvorientos de ese secreto que finalmente será
desentrañado. Un excelente relato que recupera nuestras raíces coloniales y una
extraordinaria y conmovedora historia de amor prohibido con resonancias de
Memorias de áfrica.
Se trata de una novela
histórica. No habla de la gran historia, de ésa que podemos encontrarnos en
los libros de Historia, sino de la “pequeña historia”, de esas historias de
gente normal y corriente que vive los acontecimientos a su manera. En este
caso, nos trasladamos a Guinea Ecuatorial, a los alrededores de
Fernando Poo a mediados del siglo XX En aquel entonces, Guinea
era una colonia española (de las pocas que quedaban) y la novela nos contará la
historia de dos hermanos que desde su helada montaña oscense viajan a un lugar
que no puede ser más diferente del de su nacimiento. Allí trabajaran en una
finca llamada Sampaka, como forma de ganarse la vida, ya que en su pueblo poco
se podía hacer. Conoceremos de su hermano la forma de vida en las colonias, los
motivos por los que muchos españoles emigraban allí para vivir unos años o toda
la vida, cómo se desarrollaban sus vidas en las colonias, qué pasaba cuando
volvían a su país, etc… Es, desde este punto de vista, una novela
costumbrista de lo más interesante. Desde su punto de vista,
conoceremos no sólo la forma de vida en las colonias, sino la evolución del
país, el movimiento independentista y, finalmente, su declaración como país
independiente. Como toda novela histórica, me ha resultado de lo más
instructiva pues me ha enseñado cosas que ignoraba completamente. Poco
sabía yo –por no decir prácticamente nada- de esa antigua colonia española ni
del país actual y he aprendido mucho y de la mejor manera posible:
entreteniéndome.
Aunque su autor la llame
"razonada", esta autobiografía de Fernando Savater tiene mucho
cuerpo. Las 54 fotos del álbum final (en realidad 55 si contamos la del
filósofo entero, con cazadora abierta y sonrisa abrigada, que inicia esas
páginas finales) le muestran, desde la infancia a la madurez, acompañado y
solo, en bañador o casaca militar, como persona que fue creciendo y
ampliándose, hasta alcanzar en algunos momentos de su vida un sobrepeso
específico. Pero no me refiero a tal forma de corporalidad. Savater introduce
frecuentemente —para meterse con él sin piedad— el motivo de su físico, y
"desde que la preocupación del cuerpo interviene, hay que temer una
infiltración cómica", escribió Henri Bergson.Mira
por dóndeabunda en infiltraciones cómicas, sin duda porque su
autor, aun relatando episodios graves y desdichados, mantiene el
"tipo" humorístico. "Los héroes de tragedia no beben, no comen,
no se calientan. Incluso, mientras es posible, no se sientan. Sentarse en medio
de una perorata sería acordarse de que se tiene un cuerpo", añade Bergson
en otro pasaje deLa risa.
Savater, reacio a ostentar el cuño del heroísmo, es, en todo caso, un héroe con
el espíritu de la comedia: comilón, bebedor, sesteador, fumador de habanos y
muy volcado siempre al acto de sentarse. A escribir.
Gran aficionado althrillery
a las novelas de espías, Savater se da a sí mismo el gusto de presentarse como
un "infiltrado" en el mundo académico, un simple temporero del
pensamiento —o periodista de la filosofía—, y "por eso sólo escribo para
niños o para ignorantes, para cómplices modestos y devotos con quienes conecto
porque comprendo su perplejidad, su confusión; y las comparto". La
tendencia a quitarse méritos es un síntoma de la verdadera importancia, pero el
lector de este libro hará bien —sin privarse de reír en los muchos momentos de
ocurrencia verbal, mordacidad y burla que se le ofrecen— separando lo que es
exagerado humor autoflagelatorio de lo que es verdad. Y la verdad de la obra de
Savater supera en mucho esa modesta proposición que él postula para sus libros.
No dudo de su sinceridad al afirmar en el prólogo deMira
por dóndeque "he escrito y pensado para vivir mejor, a
tientas [...] me fastidiaría segregar perennidad no siendo perenne; que lo que
he hecho durase más de lo que soy". Quienes fueron o son alumnos y amigos
de Fernando han disfrutado, en efecto, de un estimulante y generosomode
d'emploivital hecho a la pequeña medida humana de
"ese" hombre o "aquella" mujer. Pero —siento contradecirle—
hay al menos diez o doce títulos del escritor Savater que serán duraderamente
criaturas de un aire que el tiempo no disipará, haciendo que personas que nunca
oyeron su risa de alto volumen, ni le vieron mover la cabeza en círculos llenos
de ideas, ni supieron de su diario valor civil, rían y piensen y actúen con más
entereza gracias a él.
En la autobiografía aparecen, según los avatares,
distintos "savateres";Mira
por dóndeencara con una descarada libertad el género
memorialista. Están el polemista, el retratista, el hijo (más que el padre), el
admirador, el amante, aunque en ese apartado Savater elude nombres y
situaciones, temiendo, dice galantemente, incurrir en la provocación, la
jactancia o el daño ajeno. Aun así, la mercurialidad "savaterina" brilla
incandescente, siempre bajo la luz del humor, como cuando, al hablar del buen
influjo de sus amantes, escribe lo siguiente: "Y me regocijo de haber
desertado a ratos de la sutileza sentimental para preguntar a un amable
compañero o compañera, con la confidencia de cerdo a cerdo de la piara
epicúrea: '¿Hozas, vida?'".
También sabíamos, sus lectores, que Savater
domina —endiabladamente— el equilibrio entre la ironía y elpathos, pero en este libro hay dos bellísimos pasajes que
alcanzan un grado de emoción tal vez nueva en su obra. Me refiero en primer
lugar al penúltimo capítulo, el 40, una declaración de amor a la mujer con
quien comparte desde hace años su vida, en la que la pasión no le corta el
ingenio: "Te amo como al Concorde a punto de despegar, como a una película
de Hitchcock [...] como aDancing Bravecuando
no ganó el Derby por un error de su jinete [...] como a un habano robusto y
perfecto, como a la noche en que me sentí arrebatado a amarte." El segundo
fue el origen deMira por dónde,
una carta sin destinatario escrita a su madre, enferma del mal de Alzheimer;
ocho páginas de confesión en voz alta que, por encima del tributo a la figura
querida y fundamental, constituyen el vivísimo, elocuente retrato de una mujer
que se sienten ganas de haber conocido en su plenitud.
Savater ha dejado últimamente de escribir novela
(aunque se revela todavía tentado por el teatro), pero numerosas páginas deMira
por dóndeconfirman un poderoso talento narrativo para crear
peripecias y personajes memorables. ¿Personajes? Se trata, naturalmente, de
personas reales, casi todas muy conocidas, pero el autor las pinta con tal
agudeza, con tanto colorido, que corremos el riesgo de pensar que las malicias
de Bergamín están mejoradas por nuestro gran malicioso, o que Cioran, como
durante unos años se creyó en los círculos (habitualmente mal informados) de la
cultura universitaria española, fue una invención del joven y algo nihilista
profesor de filosofía. Disfruté mucho con la semblanza, breve pero jugosa, de
Juan García Hortelano, ese impenitente hombre de izquierdas pero también
incorregible zumbón exclamando, en la noche de las primeras elecciones
democráticas españolas: "¡Ganan los nuestros! Dentro de dos horas, nos
encontramos en el mostrador de Iberia para vuelos internacionales..." Son
igualmente llamativos el apunte emparejado de Cabrera Infante y Miriam Gómez,
la instantánea de Lévi-Strauss y el detenido perfil de Agustín García Calvo, y
demoledora la viñeta sobre el arzobispo de San Sebastián José María Setién, captado
por el ojo atento de nuestro filósofo en un gesto de sectarismo y orgullo nada
evangélicos.
A escala personal siento que Savater no evoque,
por ejemplo, a Juan Benet, con quien tuvo una natural sintonía amistosa, aunque
sospecho que la timidez de ambos les impidió hacerse cumplidos literarios; me
consta que la admiración de Benet por los ensayos de Savater era grande. El
encendido pero nada zalamero retrato de Octavio Paz, que ocupa la extensa
primera parte del capítulo 37, se cierra con un conmovedor episodio
maravillosamente contado: la caricia que su mujer, Marie-Jo, le hace al poeta,
ya gravemente devastado por la enfermedad, mientras dice al amigo (Fernando)
que les visita en su casa de Coyoacán: "Mira qué pelo más bonito tiene
todavía."
Uno de los rasgos más encantadores y originales
del libro es su modestia, que tiene el sonido de lo sincero. Savater se dice
idólatra, y para demostrarlo hace el recuento de los fetiches, juguetes, fotos
y monstruitos diversos que le acompañan en sus casas de Madrid y San Sebastián,
donde mucha gente pagaría gustosa cualquier precio por la visita guiada. A mí,
con todo, la idolatría suya que más me atrae es la que expresa, vehemente, por
sus modelos literarios; como es sabido, en el mundo intelectual más que
idólatras se dan iconoclastas, siempre con el mazo a punto de golpear
reputaciones y obras. Y que un maestro como Savater —por mucho que le chinche
el sustantivo pedagógico— se afirme en el aprendizaje de los que admira resulta
insólito y saludable (aunque manifiesta, tal vez para recordarnos que también
él es demasiado humano, alguna perversión en el gusto, como al elogiar, nada
menos que al lado de Céline y Thomas Bernhard, a ese granposeury
charlatán del escarnio que es Fernando Vallejo).
Hay en el libro una corriente melancólica que ni
siquiera el optimista puede esconder. ¿Pero acaso la autobiografía no es el
refugio de los desolados? Cualquier vida que supere los cincuenta años ha de
habituarse a la privación y el abandono, y la memoria larga se transforma en
guardiana de los amados objetos perdidos. Savater cumple espléndidamente la
tarea que Chateaubriand, agobiado por la idea de ser "el único hombre en
el mundo que sabe que esas personas han existido", se imponía en susMemorias
de ultratumba: recordar a los innominados de la
muerte. Es un rasgo, por lo demás, no sólo generoso sino infantil, como
infantiles son tantas de las diabluras y deseos de este libro. El niño se
resiste a perder sus frágiles posesiones, y, como esa anciana insensata que
vaga por la residencia geriátrica donde el autor visita a su madre, a todas
horas dice "¿Y lo mío, lo mío, lo mío?". Lo de Savater es la
antítesis de la madurez, de la "forma" en el sentido de restricción
del yo informal que Gombrowicz daba al término, y así lo aclara en el capítulo
15 deMira por dóndecontando que cuando de
niño le preguntaban qué quería ser de mayor respondía: "¡Pequeño!".
Las cosas de la vida adulta, sigue diciendo, le intrigaban entonces o le
turbaban, "pero ninguna me parecía 'envidiable'. Constato que sigo
pensando igual, ya desveladas las intrigas y desvanecidas las
turbaciones".
A algunos lectores les puede resultar discordante
o frívolo que la persona valiosa, involuntariamente modélica, políticamente
referencial de este gran escritor busque tan a menudo refugio en la cálida
pequeñez de una minoría de edad espiritual. Pero tengámoslo en cuenta:
Baudelaire, muy bien leído por Savater, señaló que "el genio es la
infancia recuperada a voluntad".
Hay un momento en que el taladro rompe la pared, y el
joven profesor de literatura es despedido del colegio de monjas, y la
empresaria modelo y perfecta casada ve cómo su fábrica se derrumba y su marido
la deja: la economía va mal. El novelista de crímenes Jean-Patrick Manchette
consideraba a la novela negra parte del realismo crítico, pero ahora el
realismo crítico en general se vuelve novela negra. En la novela negra, según
Manchette,no cabe otro personaje positivo que el detective, y en Hombres
desnudos, de Alicia Giménez Bartlett,
no hay detective, no está la comisaria Petra Delicado, aunque quizá haya
crímenes: la quiebra económica se ha convertido en un estado de ánimo de
inevitable siniestro total.
Javier, el profesor, cambia el aula por la cola del
paro, el club de estriptis, el servicio sexual para señoras. “¿Qué es esto,La metamorfosisde Kafka? Un día te levantas y en vez de tener al lado
a tu pareja tienes un bicho”, dice su novia. Eso es el paro: todos empiezan a
ver con otros ojos al desempleado, incluso él mismo, en peligro de demolición
como el cesante de Galdós enMiau.La millonaria en dificultades, Irene, lo que no le
perdonará al marido-rata no es que huya del barco con una rata mucho más joven
que ella: “Seré incapaz de perdonarle que haya hecho de mí otra mujer”. Porque
un matrimonio disuelto significa que quien parecía equilibrado es todo lo
contrario. Irene se transforma en otra: descubre a los chicos de alterne.
Alicia Giménez Barlett ha mezclado en un tubo de ensayo el
caso del profesor despedidoy
el caso de la mujer abandonada, y ha añadido un reactivo: elcrasheconómico. Lo que parecían vidas o líneas paralelas se
revelan líneas convergentes que juntarán dos intermediarios, dos ángeles: un
imprevisto amigo de Javier, Iván, con nombre de zar terrible, sensibilidad de
bajos fondos e inteligencia y humor en estado bruto, que no entiende los
remordimientos desesperados del estudiante asesino deCrimen y castigoy piensa que la dignidad es cuestión de dinero, no de
trabajo; y Genoveva, cincuentona princesa de la diversión, “mujer sin ataduras”
que plantó a su marido por “un chaval carne de gimnasio, guapo, joven y cutre”.
Iván el pobre y Genoveva la rica comparten un modismo: “Siempre he ido a mi
bola”.
Hombres desnudosfluye
sobre cuatro conciencias que se cruzan, antagónicas entre sí, en primera
persona, mientras la autora permanece a un lado, espectadora imparcial y
sonriente de la comedia que está montando: si el cuadro de costumbres se
ennegrece, el humor ilumina la negrura hasta que la violencia soterrada irrumpe
como fulminantes pasos de danza. El profesor estríper ve a la millonaria
“perturbada, la persona más desagradable, arisca como una alimaña”, pero añade:
“Me gusta y sé que puede ser fatal como un veneno”. La millonaria fatal, Irene,
corrige al profesor de literatura a propósito deLa Celestina:no son el sexo y el deseo lo importante, sino las
diferencias sociales entre los nobles amantes y la chusma, que usa la pasión
como arma para aprovecharse de los poderosos. “La relación con Javier es como
un experimento sociológico (…). Me hallo instalada en el exceso, en la
anarquía. Soy feliz así”, dice en su soberanía, como si fuera discípula de
Georges Bataille.
«Una espléndida novela histórica llena de
intrigas, pasiones y ruindades, y una metáfora de la intransigencia de nuestra
época.»
Crónica 16
El 7 de marzo de 1687, un grupo de judíos conversos
mallorquines, temiendo ser detenidos por la Inquisición, decidieron embarcarse
rumbo a tierras de libertad. El mal tiempo frustró su huida, fueron apresados
y, finalmente, treinta y siete de ellos condenados a la hoguera en cuatro Autos
de Fe, en la primavera de 1691.
En el último azul, Premio Nacional de Narrativa, recrea cómo
vivieron y murieron los criptojudíos mallorquines del siglo XVII, en un mundo
en el que se entrecruzan inquisidores, aristócratas, comerciantes, campesinos,
bandoleros o mujeres venales, ofreciendo un amplio mosaico de acontecimientos,
en cuya trama el lector queda atrapado desde las primeras páginas.
La crítica ha dicho...
«En el último azul es una excelente novela que permitirá al lector amante de lo
literario descubrir un filón de placer... Cuando en una novela el lector no
puede casi levantar sus ojos de ella, aferrado al desarrollo de una densa
trama, enganchado al primoroso destilar de su intriga y necesitado de llegar a
un ansiado final apenas queda otras cosa que descubrirse ante su autor.»
Ramón Acín, Heraldo de Aragón
«En el último azul está a la altura de las mejores novelas: por
su ambición, por el rigor y la riqueza lingüística, por la habilidad para
barajar invención y tradición y por dotar de un pensamiento actual a una novela
histórica, sin que pierda por ello el sabor de época.»
Fernando Valls, El Mundo
«En el último azul es una ajustada y bien construida novela
contra los horrores de la intolerancia.»
Miguel García-Posada, El País
La invención del amortranscurre en Madrid y relata la historia de
Samuel, soltero de 40 años, que es socio de una empresa de materiales de
construcción, que se enamora de una mujer que ha muerto. A partir de ahí
empieza a reinventar su vida. Esa búsqueda del amor lo lleva a salir de sí
mismo y a asomarse al mundo real de la España actual. Según la editorial,
"es una novela con solteros y crisis que crece y se ramifica, a partir de
la curiosidad por lo inmediato, llegando a tocar el misterio. El narrador protagonista
nos hace cómplices hablándonos directamente sobre la soledad, el amor y la
capacidad para reinventarse y autoengañarse". Un relato generacional tanto
en lo sentimental como social.
Desde su terraza, Samuel observa el trajín cotidiano como
quien está de vuelta sin haber llegado a nada. Él es una persona que no se
compromete con nada ni con nadie. Una madrugada, alguien le anuncia por
teléfono que Clara ha muerto en un accidente. Aunque Samuel no conoce a ninguna
Clara, decide asistir a su funeral, empujado por una mezcla de curiosidad y
aburrimiento. Fascinado por la posibilidad de suplantar a la persona con la que
lo confunden Samuel se inventa una relación con Clara para Carina, la hermana
de ésta, y entra en un juego del que va perdiendo poco a poco el control; al
poco tiempo no tiene nada claro si el amor que está inventando lo va a salvar o
a acabar de hundirlo. Una novela que combina la intriga del thriller con la
inmediatez del reportaje. Narrada en primera persona, a través de una voz cercana,
inquisitiva e irónica, el protagonista va desvelando las imposturas del amor y
al mismo tiempo su absoluta necesidad.
una novela con solteros
y crisis que crece y se ramifica, a partir de la curiosidad por lo inmediato,
llegando a tocar el misterio. El narrador protagonista nos hace cómplices
hablándonos directamente sobre la soledad, el amor y la capacidad para
reinventarse y autoengañarse. Con elementos del thriller clásico, se trata de
un libro romántico pero muy pegado a la calle, un relato generacional ubicado
en Madrid.