La ciudad de las luces muertas (Destino),
galardonada este enero con el Premio Nadal 2026 y que narra en un estilo
surrealista y onírico un apagón total durante el
cual convergen en la capital catalana todas las épocas del pasado y el futuro y
conviven muchos de los grandes personajes culturales y políticos que la
habitaron durante la Historia. "Para mí escribir una novela es una forma de hacerse con un territorio, como
hacen los periodistas de guerra. Cada día dibujaba el mapa de
la ciudad para aprendérmelo, leí un montón sobre su historia, recopilé
anécdotas de gente e incluso apendí catalán para empaparme bien de todo",
rememora.
Todo, es un desfile variado y apabullante de calles, plazas,
hechos históricos y nombres que van desde iconos de la ciudad, como Antoni Gaudí, Joan Miró, Salvador Dalí o Mercè Rodoreda a
habitantes más ocasionales como Picasso, Simone
Weil, Julio Cortázar o Lorca, que se ven
envueltos en esta mezcla de tiempo y espacio marcada por la oscuridad. "No
conocía a muchos de estos personajes o no sabía que habían pasado por Barcelona
y la importancia que habían tenido para la ciudad. Por ejemplo, no recordaba que Bolaño o Carlos Fuentes
hubieran estado allí, y no conocía a Mercè Rodoreda o a
Salvador Espriu", confiesa el escritor. "Entonces, conforme fui
descubriendo a toda esa gente que hizo de Barcelona su casa, los fui
introduciendo en la trama".
A pesar de la evidente intención coral de La ciudad
de las luces muertas, dos personajes destacan sobre el resto: Carmen Laforet, quien,
inconscientemente, inicia el apagón y Carlos Ruiz Zafón,
protagonista de un sentido homenaje. "Barcelona
puede personificarse en Carmen Laforet, y su vida puede leerse como la de la
ciudad. Al conocerla a fondo, advertí que su vida encaja bien
con esta lucha entre la luz y la oscuridad, por eso decidí hacerla la
protagonista", explica el autor. "En cuanto a Ruiz Zafón, es el gran
embajador de la ciudad y creo que ha sido injustamente tratado. Es el escritor
español más vendido después de Cervantes, y creo que, como me ocurre un poco a
mí, en su caso el éxito comercial se usa
como una forma de desprestigio cultural", denuncia.

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