La trama se
centra en Mada, una mujer de finales del siglo XIX cuya
lucha personal y pasión por las letras resuenan profundamente con la realidad
de las mujeres actuales. Ónega admite que hay mucho de su propia personalidad
en la protagonista, especialmente en la "pulsión imperiosa de
contar historias" restando horas al sueño tras cumplir con
sus múltiples roles como madre, periodista e hija. La autora reflexiona con
dureza sobre las barreras que enfrentan las mujeres creadoras frente a sus
compañeros masculinos, señalando que, mientras el "nido" del hombre
suele estar cuidado por una mujer, la escritora debe lidiar con la carga
doméstica —las metafóricas "lentejas en el fuego"—, un obstáculo que,
según revela, le costó su propio matrimonio.
Uno de los
elementos más destacados de la obra es la inclusión de María
Vicenta, una religiosa real que fue canonizada en 1975 y cuyos restos
descansan en Madrid. Ónega la define como una "feminista
religiosa" y reivindica su figura como un ejemplo de
espiritualidad moderna en el que la Iglesia debería apoyarse. Además, la novela
explora las injustas diferencias de clase social y la complejidad de los
vínculos familiares a través de personajes como don Santiago.
Con un cierre
que invita a la libertad emocional del lector, Ónega defiende que la literatura
es un espacio seguro para experimentar cualquier sentimiento: "Lo
que pasa en los libros se queda en los libros". Con esta obra, la
autora busca la confirmación definitiva de su identidad como
escritora ante un mundo que la hizo dudar de sí misma.

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