El 16 de febrero de 1944
Ana Frank anotó en su diario que Peter, que al principio no le gustaba pero del
que al final se enamoró, le había confiado que si salían del escondite con
vida, se reinventaría a sí mismo por completo. Esta novela es la historia de lo
que podría haber ocurrido si el chico hubiera sobrevivido y se hubiera
convertido en un hombre. Peter llega a Estados Unidos, la tierra de la
autocreación, y se hace pasar por cristiano. Con éxito en los negocios y rico
en amor en el boom de los años cincuenta, prospera en el presente, planifica el
futuro y no tiene pasado. Pero esta charada tiene un precio. La publicación de
El diario de Ana Frank, que recibe elogios de todos los rincones del mundo,
desencadena paralizantes recuerdos de sus vivencias en el anejo secreto de
Ámsterdam. El diario es también su historia, y una vez que la compuerta de los
recuerdos se abre, su vida se descontrola.
Basado en
una exhaustiva investigación sobre Peter van Pels y la extraña y perturbadora
vida que el diario de Ana Frank cobró tras su muerte, ésta es una novela sobre
el recuerdo de la muerte, la muerte del recuerdo y la imposibilidad de negar el
pasado.
Esta novela es la historia de
lo que podría haber ocurrido si el chico hubiera sobrevivido y se hubiera
convertido en un hombre.
Peter llega a los Estados
Unidos, la tierra de la autocreación, y se hace pasar por cristiano. Con éxito
en los negocios y rico en amor en el boom de los años
cincuenta, prospera en el presente, planifica el futuro y no tiene pasado.
Pero esta charada tiene un precio. La publicacion de El Diario De
Ana Frank, que recibe elogios de todos los rincones del mundo,
desencadena paralizantes recuerdos de sus vivencias en el anejo secreto de
Amsterdam. El diario es también su historia, y una vez que la compuerta de los
recuerdos se abre, su vida se descontrola.
Basado en una exhaustiva
investigación sobre Peter Van Pels y la extraña y perturbadora vida que el
diario de Ana Frank cobró tras su muerte, ésta es una novela sobre el
recuerdo de la muerte, la muerte del recuerdo y la imposibilidad de negar el
pasado
Autora
de la recién descubierta Suite francesa, galardonada como Libro del Año 2005
por los libreros de Madrid, Irène Némirovsky mostró desde muy joven un talento
excepcional. Con veintiséis años publicó David Golder, acogida por la crítica
como una obra maestra y, más tarde, adaptada al cine y al teatro. Era el
comienzo de una carrera literaria que situaría a Némirovsky entre los más
grandes escritores franceses del siglo XX. Tomando como modelo la figura de sus
padres, arquetipos del millonario hecho a sí mismo y la esposa egocéntrica y
despilfarradora, Némirovsky despliega su aguda percepción psicológica en la
descripción del mundo de los grandes negocios, territorio de personajes sin
escrúpulos en el que la voracidad de los hombres es tan grande como la
precariedad de sus fortunas. David Golder es un banquero caído en desgracia
tras una grave crisis cardiaca sufrida en un casino de la Costa Azul. Cuando
las malas noticias sobre la salud del financiero se extienden, las acciones de
sus empresas se desploman. Así, de la noche a la mañana, Golder se encuentra en
la bancarrota; arruinado, enfermo y abandonado por su mujer y su única hija, se
recluye en un piso vacío de París.
Tomando como modelo la
figura de sus padres, arquetipos del millonario hecho a sí mismo y la esposa
egocéntrica y despilfarradora, Némirovsky despliega su aguda percepción
psicológica en la descripción del mundo de los grandes negocios, territorio de
personajes sin escrúpulos en el que la voracidad de los hombres es tan grande
como la precariedad de sus fortunas. David Golder es un banquero caído en
desgracia tras una grave crisis cardiaca sufrida en un casino de la Costa Azul.
Cuando las malas noticias sobre la salud del financiero se extienden, las acciones
de sus empresas se desploman. Así, de la noche a la mañana, Golder se encuentra
en la bancarrota; arruinado, enfermo y abandonado por su mujer y su única hija,
se recluye en un piso vacío de París. Si bien ha perdido todo, aún conserva el
espíritu luchador y el amor por el riesgo que le permitieron abandonar el
mísero gueto ucraniano donde nació y convertirse en uno de los hombres más
acaudalados de Francia. Cuando la oportunidad de enriquecerse de nuevo se
presenta ante él, Golder no dudará un segundo en lanzarse a la aventura, lo que
lo llevará a algunos escenarios de su juventud. El riesgo, nada menos que su
propia vida, es grande, pero la ganancia es, a sus ojos, aún mayor: obtener una
fortuna superior a la anterior y recuperar a su hija, la única persona que ha
amado en este mundo.
En Agnes
Grey hay que destacar su condición autobiográfica, su carácter
realista y su intención didáctica. Agnes Grey, la hija menor de un clérigo que
pierde las pocas propieda-des que tenia en una inversión fallida y de una dama
debuena familia que fue repudiada por su padre al casarse con un hombre
inferior a ella en posición y fortuna, decide convertirse en institutriz para
mantenerse a sí misma y ayudar a la economía familiar. A pesar de la oposición
del resto de la familia, que la considera demasiado joven e inexperta, consigue
un trabajo con la familia Bloomfield. Allí se encuentra con la frialdad de la
dueña de la casa y la crueldad e indisciplina de los niños a los que tiene
queeducar: Tom, de siete años, Mary Ann, de seis, y Fanny, de cuatro. Los
padres exigen que Anne mantenga a los niños disciplinados cuando ellos mismos
les han con sentido todo lo que han querido y lo siguen haciendo. En parte por
su inexperiencia y en mayor parte por la poco colaboradoraactitud de los
padres, Agnes es incapaz de cumplir con sumisión y es despedida a los pocos
meses. Este fracaso, aunque doloroso, no consigue apartarla del objetivo que se
ha marcado de ser económicamente independiente. la estructura narrativa sigue una pauta
fielmente cronológica. Anne retrata con crudeza la vida solitaria de las
institutrices, que a pesar de tener una buena educación y modales no encuentran
su lugar en las familias a las que prestan su servicio: no pueden llevarse con
los criados y empleados de la casa porque su educación se lo impide, pero
tampoco pueden interactuar libremente con los miembros de la familia porque su
pobreza y el simple hecho de tener un empleo la vuelve inferior a ellos. Es sorprendente que este libro sea tan poco
conocido cuando se encuentra al nivel de Jane Eyre y Cumbres Borrascosas. Agnes Grey es una
obra imprescindible para conocer otro aspecto de las vidas de las mujeres y los
niños en el siglo XIX, así como para identificar los estilos de cada una de las
hermanas Brontë.
Las ocupaciones de Anne Brontë se completaban
entre sus clases, sus novelas, sus paseos por la playa de Scarborough en
vacaciones y el cuidado obsesivo que tenían las tres hermanas por Branwell el
niño mimado de la familia a quien se le toleraba cualquier cosa. Anne compartió
con su hermano la enseñanza de los niños de la familia del reverendo Robinson.
Lo introdujo personalmente allí con objeto de que diera clases de música al
pequeño Edmund con el resultado desastroso de que Branwell se enamoró de Lydia
Robinson, la madre. La pasión, que duró dos años y medio, ocasionó un verdadero
drama familiar para los Brontë. Branwell se refugió en la bebida y al opio, sin
posibilidad de enmienda. El alcoholismo del joven Branwell serviría, no
obstante, para que Anne escribiese la novela La inquilina de Wildfell Hall, criticada
en su tiempo incluso por la propia Charlotte por considerarse que no era
"apropiada", debido a la crudeza del tema, como literatura femenina.
La propia Charlotte impidió, como heredera de los derechos, la reedición de la
novela mientras estuvo con vida.
El señor Earnshaw, dueño de Cumbres Borrascosas, trajo un día a
su casa a Heathcliff, un niño abandonado, para criarlo como suyo. Los hijos de
Earnshaw recibieron con extrañeza a Heathcliff. Con el tiempo, la hija,
Catherine, se hizo buena amiga de él, pero el hijo mayor, Hindley, lo detestaba
y no perdía ocasión de humillarlo; sin embargo, Heathcliff, al ser un niño rudo
e inteligente, se defendía de Hindley con astucia y brusquedad.
Años después, los padres de Catherine y Hindley mueren. Hindley
se casa con una mujer llamada Frances, con quien tiene un hijo, Hareton.
Frances prohíbe a Heathcliff todo contacto con Catherine. Sin embargo, los dos
mantienen a escondidas su amistad, que pronto se convierte en amor apasionado.
Un día deciden ir a espiar a los vecinos que viven en la Granja de los Tordos,
los Linton. Ellos los sorprenden. Mientras intenta huir, un perro muerde a
Catherine. Los Linton la recogen, la cuidan y la alojan en su casa durante una
temporada. En cambio, expulsan a Heathcliff, al que consideran poco menos que
un criado por el aspecto de «gitano» con el que el niño contaba. Cuando
Catherine vuelve a las Cumbres, ha cambiado: ya no es una niña salvaje, sino
toda una señorita, comportamiento influenciado por la sofisticada educación de
Isabella, la hermosa hija de los Linton.
Catherine se casa con el hijo de los Linton, Edgar, aunque
confiesa al ama de llaves, Nelly Dean, que en realidad está enamorada de
Heathcliff. Este, que escucha escondido parte de la conversación, se siente
ofendido, pues Catherine dice que descarta casarse con él porque la unión la
rebajaría. Herido en su orgullo, desaparece, pero vuelve luego de tres años,
enriquecido por oscuros negocios. Para enfadar a Edgar y poner celosa a
Catherine, corteja a Isabella (la hermana menor de Edgar), y acaba casándose
con ella, unión que le da un hijo, Linton.
Catherine, enferma por los encontronazos entre su marido y
Heathcliff, acaba muriendo la noche del parto de su primogénita. Edgar Linton,
el padre de la niña, decide llamarla igual que su difunta esposa: Catherine.
Hindley, convertido en un borracho y jugador empedernido, se ve obligado a
vender Cumbres Borrascosas a Heathcliff. Finalmente muere, y Heathcliff se queda
con la casa y con el hijo de Hindley, Hareton, al que mantiene analfabeto y
salvaje, vengándose así de su padre. Isabella huye de Cumbres Borrascosas y se
consagra al cuidado de su hijo, Linton. Finalmente, muere, y Linton vuelve con
Heathcliff, que lo desprecia, pues es un niño enfermizo que no se parece en
nada a él.
Pasan dieciséis años. Catherine Linton, hija de Catherine y
Edgar, que no conoce la historia de las Cumbres, acude a visitar a su primo
Linton. Heathcliff orquesta un romance entre los dos primos y logra que se
casen, de modo que cuando Edgar muera poco después, Heathcliff heredará la
Granja de los Tordos, apoderándose así del patrimonio de las dos familias que
tanto lo despreciaron. Todo esto ocurre efectivamente, y así culmina la historia
del ama de llaves.
El señor Lockwood se va de la zona y no vuelve a Cumbres
Borrascosas sino hasta varios meses después, y entonces descubre que Heathcliff
ha muerto. Reunido una vez más con la señora Dean, ella le cuenta lo que se
perdió en su prolongada ausencia: Heatcliff, cada vez más convencido de que el
fantasma de su amada Catherine vino a buscarlo, sufrió un rápido deterioro
físico y mental. Tras someterse a un ayuno de varios días, Nelly encontró a su
amo muerto en la cama, con una extraña sonrisa en su rostro. A pesar de lo
mucho que lo maltrató, Hareton llora por Heathcliff, que ha sido lo más
parecido a un padre que ha conocido. Catherine, que al principio despreciaba a
Hareton, pasó a compadecerse de la ignorancia del muchacho y le enseñó en secreto
a leer. Su relación da un giro satisfactorio: al final, deciden casarse, dando
así un feliz desenlace a la historia de odios y desencuentros de sus familias.1 Dean
añade un dato más a su historia: ha oído que varios pobladores han visto que
Heathcliff y Catherine Earnshaw aún pasean por los páramos. Lockwood, tras
escuchar el relato, abandona tranquilamente las Cumbres y visita las tumbas de
Edgar, Catherine y Heathcliff, preguntándose cómo estarán tan intranquilos bajo
un suelo tan apacible.
"Cuando
abrimos Jane Eyre, no podemos reprimir la sospecha de que vamos a
enfrentarnos a un imaginario anticuado y tan pasado de moda como la casa
parroquial del páramo", escribió Virginia Woolf sobre la obra de Charlotte
Brontë y las Cumbres borrascosas de su hermana Emily. Es
cierto que no debemos ignorar el contexto victoriano de Jane Eyre
ni la educación anglicana y conservadora de su autora.
Ni olvidar que Woolf escribió
su ensayo The Common Reader en 1916, cuando la Inglaterra
industrial se abalanzaba hacia la era de las sufragistas.
El
papel tradicional de "ángel del hogar" era repudiado por estas
mujeres. Las calles rugían con piquetes y manifestaciones violentas para exigir
igualdad salarial, la autonomía de su propio útero y el derecho al
voto. La artífice de La señora Dalloway pertenecía a
esa hornada de pensadoras británicas que buscaban la androginia al
escribir y la ruptura de los códigos domésticos. Por eso Woolf no
compartía el uso de la falacia
patética y los
lamentos románticos de Brontë para reivindicar la represión sexual y económica
del periodo anterior. "Toda la fuerza de Jane Eyre se manifiesta a través
del yo amo, yo odio, yo sufro".
La
mayor del triunvirato Brönte tampoco imaginó que
su novela iba a ser tachada de manifiesto feminista, peligroso y erótico
en octubre de 1847. Posiblemente su visión de sí misma no se alejaba de la
que describió Virginia Woolf medio siglo después. Pero tampoco era una niña
mimada e inconsciente. Charlotte sabía muy bien que Jane Eyre era
un cartucho cargado contra el sistema patriarcal y por
eso entregó su manuscrito bajo el seudónimo asexual de Currer Bell. Detrás
de su narrativa gótica y el final feliz entre Jane y Rochester, se
escondía un relato mucho más revolucionario.
Brontë
hablaba de desigualdad e insubordinación, también denunciaba la hipocresía de
los clérigos y cuestionaba la superioridad de las autoridades. Esto,
en una Europa de revoluciones contra el capitalismo y la
industrialización, era poco menos que una invocación satánica. Las
publicaciones más críticas con el movimiento obrero pronto acusaron a la novela
de "jacobinismo moral", de fomentar la anarquía social y de acoger
fundamentos anticristianos.
La narradora y protagonista es una modelo profesional en plena
juventud y belleza. Tiene 26 años, lleva una vida cómoda, casada con un pintor
sin éxito del que está enamorada y al que quiere ayudar a superar su crisis
creadora. Pero ya en el primer capítulo su enigmática compañera de vuelo desde
Nueva Delhi le anuncia que alguien de su entorno desea su muerte. A partir de
ahí Patricia empieza a relacionar extraños percances de su vida diaria con el
funesto augurio. Su
exitosa carrera de modelo decae. Consulta con frecuencia
con la misteriosa Viviana y sigue sus recomendaciones. Empieza a sospechar de
todas las personas con las que se relaciona, desde otra modelo de la agencia y
sus jefes, hasta de su hermana, pasando por el que fuera marchante de su
marido, su mujer y el propio y fracasado pintor Elías.
Estos materiales están hábilmente distribuidos con el fin de
crear suspense en la intriga, que se nutre tanto de los amuletos, esfinges,
colgantes y elixires manejados por Viviana como de las sucesivas analepsis con
que la narración abandona su cronología lineal para volver atrás en la
recreación resumida del pasado de cada personaje que pasa a ser nuevo
sospechoso. Con ello el mundo de esplendor y miseria de las modelos, construido
por un jefe implicado en negocios clandestinos en Oriente y vigilado por su
misteriosa directora rusa, va descubriendo su cara oculta de rivalidades,
ambiciones y zancadillas, su contaminación con las drogas, y al mismo tiempo se
ve alterado por los extraños poderes de Viviana y las diabólicas malas artes
que se descubren en algún malévolo personaje. Y así, con los crecientes miedos
y la gradual incertidumbre de la protagonista, la novela va explorando diversos pliegues misteriosos
de la realidad cotidiana para adentrarse en presentimientos y visiones
pararreales.
En este sutil deslizamiento entre lo real y lo misterioso radica
lo mejor de la novela. Su gradual intensificación sirve de trampolín a la narradora
y protagonista para buscar la verdad como única base sólida de la felicidad,
reconociendo los errores cometidos en su pasado, y para dar un cambio radical
en su vida, afrontando nuevas posibilidades en un final abierto sugerido ya en
el título. Entre lo menos afortunado hay que anotar la falta de mayor
depuración en un texto lastrado por informaciones triviales y lugares comunes
prodigados en el tratamiento de algunos triángulos amorosos de modelos,
marchantes y pintores de ambos sexos. Y en cambio el acierto se revela cuando la narración se
centra en la introspección psicológica de la protagonista.
No se puede entender
la obra de Las Sinsombrero sin fijarnos en el contexto social en el que
vivieron. Tuvieron que lidiar con ser mujeres artistas en la España deprimida
por la pérdida de las últimas colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) que
destronaban al país del podio de gran potencia mundial. Los españoles se
sumieron en una gran crisis moral que se unía a la depresión económica y a la
confusión política.
En este contexto
caótico se atribuyó a la mujer el papel de engendrar los próximos españoles que
devolverían la grandeza a España. Así, tal cual, tan loco como suena. La mujer
quedaba de esta forma relegada al espacio privado del hogar con un claro
objetivo que cumplir: ser esposa y madre. El esencialismo biológico,
junto al patriarcado respaldado por la Iglesia, hacía el camino más pedregoso a
aquellas mujeres que deseaban cultivar sus capacidades intelectuales al igual
que lo hacían muchos hombres coetáneos.
Ante esta corriente
antifeminista, en las obras de las Sin Sombrero existe un denominador común: su
lucha por hacerse un nombre en unas circunstancias sociales e históricas nada
favorables.
Este escenario en
España entraba en confrontación directa con los primeros movimientos feministas
y sufragistas que cobraban fuerza en Estados Unidos e Inglaterra, sumados a la
incorporación de la mujer al mundo laboral debido a la llegada de la Revolución
Industrial y al inicio de la Primera Guerra Mundial que envío a muchos hombres
a la guerra, quedándose las mujeres al frente de las economías domésticas.
Estos factores dieron alas a la emancipación de la mujer. Llegó entonces al
resto de Europa y a Estados Unidos la mujer moderna que vivió su plenitud en la
década de los años veinte.
En España, la Segunda
República de 1931 reflejó todos estos movimientos que venían del
exterior y respaldó la ocupación del espacio público por parte de la
mujer. Tal y como recoge la cineasta Tània Balló, autora de “Las
Sinsombrero: sin ellas, la historia no está completa”: “Por primera vez, (las
mujeres) se sienten sujetos propios y, por primera vez, se presentan ante una sociedad
que, aunque las rechace, se ve obligada a mirarlas”. Así nació el grupo de Las
Sinsombrero, las mujeres de la Generación del 27, símbolo de una nueva mujer.