La farándula es, como dice
la vieja Ana Urrutia, la espesa, “la síntesis de faralaes y tarántula”. El
teatro (nos recuerda la autora en otro momento), ya deshechas las compañías de
repertorio, sustituidos los salarios fijos por las comisiones de taquilla y el
escalafón profesional por la arbitrariedad, es un reñidero de gatos y un
semillero de odios. A un ritmo trepidante y nervioso, mediante
flases-capítulos, Marta Sanz ha compuesto un certero friso de pobladores de ese
mundo que agoniza pero todavía sobrevive. Unos son los actores que se han
aventurado en la adaptación de Eva
al desnudo: la ya veterana Valeria Falcón, que atisba el final
de su carrera; la jovencísima e insustancial Natalia de Miguel (que lo mismo
participa en un reality
show que en una obra de prestigio) y su valedor (y luego
marido), Lorenzo Lucas, escarmentado, pragmático y un punto cínico. Al otro
lado de las candilejas, otros actores completan el reparto: la pareja compuesta
por Mariana y Adolfo, que lo han hecho todo, que fueron actores reivindicativos
y hoy intentan mirar los toros desde la barrera; Ana Urrutia, la actriz
veteranísima a la que un ictus cerebral ha dejado en manos de todos; el
matrimonio que forman la exquisita bróker Charlotte Saint-Clair y el actor de
éxito mundial Daniel Valls, que, en el fondo, sabe muy bien que “es un débil
mental”, como repite a menudo. Puede que esta última representación de quien
alcanza la excelencia como actor, pero cuya naturaleza es simple y hasta brutal
—tan fiel al pensamiento de Diderot acerca de los cómicos—, no sea el acierto
mayor de este libro, aunque los lectores puedan reconocer allí —y seguramente
les gustará— una visión muy satírica de quienes, sin más méritos que su vanidad
y una idea elemental y aproximativa del mundo, se han convertido en iconos de
la protesta contra todo.
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