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sábado, 18 de abril de 2020

EL INFINITO EN UN JUNCO de Irene Vallejo



Este es un libro sobre la historia de los libros. Un recorrido por la vida de ese fascinante artefacto que inventamos para que las palabras pudieran viajar en el espacio y en el tiempo. La historia de su fabricación, de todos los tipos que hemos ensayado a lo largo de casi treinta siglos: libros de humo, de piedra, de arcilla, de juncos, de seda, de piel, de árboles y, los últimos llegados, de plástico y luz.
Es, además, un libro de viajes. Una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la Villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio, en los palacios de Cleopatra y en el escenario del crimen de Hipatia, en las primeras librerías conocidas y en los talleres de copia manuscrita, en las hogueras donde ardieron códices prohibidos, en el gulag, en la biblioteca de Sarajevo y en el laberinto subterráneo de Oxford en el año 2000. Un hilo que une a los clásicos con el vertiginoso mundo contemporáneo, conectándolos con debates actuales: Aristófanes y los procesos judiciales contra humoristas, Safo y la voz literaria de las mujeres, Tito Livio y el fenómeno fan, Séneca y la posverdad…
Un recorrido por la vida del libro y de quienes lo han salvaguardado durante casi treinta siglos.
Premio el Ojo Crítico de Narrativa 2019 Premio Las Librerías Recomiendan de No Ficción 2020Premio Búho al Mejor Libro de 2019, que otorga la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro EL ENSAYO REVELACIÓN DE LA TEMPORADADe humo, de piedra, de arcilla, de seda, de piel, de árboles, de plástico y de luz... Un recorrido por la vida del libro y de quienes lo han salvaguardado durante casi treinta siglos.«Muy bien escrito, con páginas realmente admirables; el amor a los libros y a la lectura son la atmósfera en la que transcurren las páginas de esta obra maestra. Tengo la seguridad absoluta de que se seguirá leyendo cuando sus lectores de ahora estén ya en la otra vida».   «Vallejo ha decidido sabiamente liberarse del estilo académico y ha optado por la voz del cuentista, la historia entendida no como ristra de documentos citados, sino como fábula. Así para el lector común y corriente (a quien reivindicaba Virginia Woolf) es más conmovedor y más inmediato este encantador ensayo, por ser simplemente un homenaje al libro de la parte de una lectora apasionada».  «Es un deleite leer la prosa de Irene Vallejo, creadora, brillante, plena de sensibilidad»...
El propósito de este amenísimo ensayo de la filóloga y novelista Irene Vallejo es seguir la fortuna de esta extraordinaria invención durante sus primeros siglos de vida, desde los tiempos de Alejandría cuando el prestigio del libro era tal que en el Museo o Casa de las Musaso a los reyes Ptolomeos les pareció importante emblematizar el poder real con la casi infinita acumulación de volúmenes, hasta los de Roma y los albores del Renacimiento, con ciertas proyecciones al futuro, es decir, a nuestro tiempo.


domingo, 12 de abril de 2020

EL BOSQUE DE LA NOCHE de Djuna Barnes

El bosque de la noche es la obra maestra de Djuna Barnes y una de las grandes novelas de la literatura contemporánea. París, 1927. En un ambiente que fluctúa entre la aristocracia, la bohemia y el mundo del circo, se encarna el enigma esencial de la condición humana en la figura de la joven Robin Vote, fascinada por la atracción del abismo, y en las tres personas que se disputan su amor: el falso barón judío vienés Felix Volkbein, la leal Nora Flood y la ávida Jenny Petherbridge. Testigo de la historia, y confidente de Felix y Nora, el extravagante doctor Matthew O’Connor.

Incapaz de encontrar editor para la versión inicial y más explícita de El bosque de la noche, Djuna Barnes accedió a que su amiga Emily Coleman y su editor, T. S. Eliot, cortaran fragmentos —desde una palabra hasta pasajes de tres páginas— para dar con la versión «publicable» que vio la luz en 1936. La especialista Cheryl J. Plumb ha estudiado y publicado la novela restituyendo el material eliminado y la redacción y puntuación original, ofreciendo al lector en español por vez primera la versión íntegra de este gran clásico del siglo XX.

El bosque de la noche recibió inmediatamente críticas elogiosas. The Spectator la comparaba con la obra de Virginia Woolf; Lawrence Durrell decía: «El hecho de ser contemporáneo de Djuna Barnes es un motivo de felicidad»; Graham Greene escribía: «Una escritora dotada de una asombrosa capacidad expresiva… Una riqueza espontánea de imágenes y de alusiones, una umbría fecundidad del habla, alarmante e irresistible como la mar brava», y Dylan Thomas sentenciaba: «Uno de los tres grandes libros en prosa que jamás haya escrito una mujer.»
Era una perfeccionista, pero extremadamente desorganizada. Llegó un momento en que permitió que un joven amigo la ayudara en sus asuntos financieros y en ordenar sus poemas. Con ello se hizo un pequeño avance. A los noventa años, un mes antes de su fallecimiento, tuvo que ser internada en un hospital por desnutrición. No se sabe si dejó de comer por olvido o si su ayuno fue voluntario. Si se quiso ir como quien se enfrenta al amanecer.

sábado, 4 de abril de 2020

HÉROES DE DÍAS ATRÁS de Fernando Schwartz

Tiene mucho de novela bizantina, pero también de documento romántico en tiempos convulsos. A Fernando Schwartz (Ginebra, 1937) en Héroes de días atrás se le presupone y se le concede gratamente el dominio del fondo histórico y diplomático, en este caso la Francia ocupada, la del régimen bufón de Vichy, la Francia de la Resistencia y la Francia de la División Leclerc compuesta por tantos de aquellos españoles, venidos de la miseria y la derrota patria, que liberaron París con la famosa 9ª Compañía de la División Blindada de la Francia libre. Es una historia simple, sí, de una pareja torpedeada por diversas vicisitudes y movida por un anhelo de reencuentro que será la única esperanza, o una de las únicas, para salvar -y salvarse- de los horrores de la II Guerra Mundial en una Francia llena de colaboracionistas y de delatores.
Manuel es un diplomático español nacionalizado francés y su amada, Marie, una joven idealista de origen judío a la que las circunstancias empujarán al compromiso antifascista en la Francia totalitaria. Si bien el todo de la novela queda creíble, por motivo de la brevedad y del esfuerzo del autor por usar el relato como una reflexión sobre la dialéctica entre los principios morales y el motor de la venganza, el libro deja una sensación de ligereza.
Hay temas irrenunciables, el colaboracionismo cobarde, la vida en el campo de Argelès-sur-mer de los exiliados españoles al acabar la Guerra Civil, la evolución de la Legión Extranjera gala durante la guerra o la valentía de la Resistencia francesa que quedan meramente esbozados. Schwartz tantea tramas, conoce el paño, pero peca de brevedad en una epopeya amorosa con muchas aristas que resuelve con un efectismo algo hollywoodiense. Incluso un secundario, Domingo, anarquista español, ostenta el papel de mero y simpático replicante a los héroes principales.
Con todo, destacaremos el peso de la Guerra en la modificación de toda conducta más o menos cuerda (la de los protagonistas), así como la venganza como auténtica catarsis. Las guerras dentro de la Guerra. El idealismo camuflado de venganza.
«Nunca olvidaremos a nuestros héroes » (Anne Hidalgo, alcaldesa de París). El 24 de agosto de 1944, la Nueve, una compañía de republicanos españoles, entra en París y consigue la rendición de las fuerzas alemanas. La novela los habrá seguido desde Francia hasta Argelia, el desembarco en Normandía y la brutal galopada por Francia. En este marco, la novela relata la peripecia vital de tres protagonistas: Marie, judía francesa hija de un profesor de la Sorbona, jefe de una célula de la resistencia; Manuel, diplomático español naturalizado francés, y Domingo, anarquista español. Marie y Manuel, separados al principio de la guerra por una serie de malas casualidades, pasarán todo el conflicto buscándose. Cansados de guerra y muerte, los dos amantes atravesarán el final de la con tienda alimentados con la esperanza de volver a verse.

sábado, 28 de marzo de 2020

EL CUADERNO DORADO de Doris Lessing


 Doris Lessing (1919) es una de las personalidades literarias más representativas del convulso siglo XX, por su compromiso social y político, su independencia personal e ideológica, su capacidad de reflexión y espíritu crítico y por habernos legado todo ello de forma magistral en El cuaderno dorado (1962), uno de los exponentes de mayor interés de la creación literaria occidental del siglo pasado.
            El cuaderno dorado se publicó en el Reino Unido en 1962, pero a España no llega traducido hasta 1978, en una edición de Noguer: la censura no habría permitido su publicación durante el franquismo. Se trata de una novela “de ideas”, que contiene, precisamente, la experiencia vital del medio siglo transcurrido.
            Adopta una estructura compleja, una especie de enfoque caleidoscópico, con diversas perspectivas que conjuntamente proporcionan un significado unitario. Consta de una novela que lleva por título “Mujeres libres” y cuatro diarios: el cuaderno negro, el cuaderno rojo, el cuaderno amarillo y el cuaderno azul. Al final, se añade el cuaderno dorado.

No deja de ser sintomático de su complejidad que, 9 años después de su publicación, la propia escritora Doris Lessing tuviera que escribir un prefacio para su obra maestra: “El cuaderno dorado”, reconociendo su frustración ante las opiniones críticas que había suscitado su obra:
“Por razones de las que no voy a hablar, tempranas y valiosas experiencias en mi vida de escritora me dieron un sentido de perspectiva acerca de los críticos y comentaristas. Pero a propósito de esta novela, El cuaderno dorado, lo perdí: pensé que en su mayor parte las críticas eran demasiado tontas para ser verdaderas. Recuperando el equilibrio comprendí el problema. Y es que los escritores buscan en los críticos un álter ego, ese otro yo más inteligente que él mismo, que se ha dado cuenta de dónde quería llegar, y que le juzga tan solo sobre la base de si ha alcanzado o no el objetivo. “
Está claro que los críticos se perdieron en este remolino postmodernista y simplificaron en exceso un mensaje más ambicioso y más allá de lecturas feministas.  Afortunadamente, con el tiempo, se ha puesto justicia a su legado literario y es una de los pocos escritores vivos que tiene en su haber el Nobel y el Príncipe de Asturias.
La premisa de la obra es sencilla pero muy original en su momento (y me atrevo a decir que incluso ahora). El personaje, Anna Wulf, es una escritora,  una “mujer libre” que, tras el éxito de su primera novela, sufre el ya consabido bloqueo del escritor. Siente que la realidad se desmorona a su alrededor, la rodea un caos que no puede abarcar, que le desestabiliza y necesita encontrar una forma de superarlo: encontrar un orden.
Y la forma que utilizará para hacer esto es fragmentar su vida y escribir esos fragmentos en diferentes cuadernos: negro, rojo, amarillo y azul.
En el cuaderno negro: Anna Wulf como escritora,  la británica se encargará de demoler el discurso literario:

“Hoy he vuelto a leer lo anterior por primera vez desde que lo acabé. Está lleno de nostalgia en cada palabra y cada frase, aunque cuando las escribí creí que eran objetivas. Pero ¿nostalgia de qué? No lo sé.”
La nostalgia se convierte en “mediador” de lo que escribe, tiñe todo lo que está escribiendo; ¿de verdad podemos confiar en el lenguaje? Está claro que el lenguaje es tan falible que no podemos fiarnos del discurso literario.


sábado, 21 de marzo de 2020

LAS HIJAS DE OTROS HOMBRES de Richard Stern



Richard Stern (Nueva York, 1928-Tybee Island, 2013) publicó Las hijas de otros hombres en 1973. Hombre discreto, notable profesor de literatura inglesa y escritor más preocupado por su trabajo que por la fama, volcó su enorme talento en una historia que refleja un abrupto cambio de época. Con buen criterio, eludió el juicio moral y los estereotipos. Robert no es un depravado, sino una marioneta del destino. Cynthia no es una víctima, sino una joven desorientada, voluble y con problemas de identidad. No hay culpables, ni inocentes. Sólo personas desbordadas por las circunstancias y con escasos recursos para gestionar sus emociones. Stern describe magistralmente la atmósfera de los sesenta, con sus hippies, toxicómanos, hare krishna, agitadores políticos y nudistas.
Dividida en cuatro partes, la novela es un prodigio de arquitectura. Con una prosa poderosa y unos diálogos intensos, Stern nos relata gradualmente la disolución del matrimonio Merriwether. Al principio, el romance con Cinthya provocará mala conciencia en Robert, que no quiere dañar a su esposa, ni separarse de sus hijos, pero sus escrúpulos acabarán sucumbiendo a la pulsión sexual y a la gratificación narcisista de ser amado por alguien más joven. Después de varios meses, se impondrá la necesidad del divorcio. Sarah reaccionará con odio y desprecio al conocer la infidelidad de su marido. La separación no será inmediata. Durante unos meses convivirán en su hogar, durmiendo por separado. Stern recrea con agudeza y precisión los conflictos desatados por una situación anómala que no evitará la separación definitiva. Mirar hacia atrás resulta particularmente doloroso cuando se han compartido veinte años.
Stern hilvana el relato con un estilo nabokoviano, explotando metáforas extraídas de la biología, la medicina, la física, la botánica y el psicoanálisis. Los relojes son “las jaulas del tiempo”. El sexo apenas difiere del acoplamiento de la mantis religiosa, que devora al macho mientras copula con él. Cynthia no es una mujer fatal, pero sí lo suficientemente hermosa para crear confusión. No será seducida por un adulto amoral, como Humbert Humbert. Será ella quien seduzca a Robert, sin preocuparse por el drama que ha desencadenado. En la era de Wilhelm Reich, los tabúes se pisotean y escarnecen con fervor. Philip Roth afirma que Las hijas de otros hombres parece una versión de Lolita escrita por Chéjov. No es una analogía desatinada. De hecho, la novela crea una atmósfera que evoca La dama del perrito. Los amantes no son malvados, sino inmaduros y egoístas. Cynthia intenta conquistar a ese padre lleno de autosatisfacción que ha tutelado su niñez y su adolescencia. Aunque lo ignora, nada en las aguas del incesto. Robert busca la seguridad del niño que se siente incondicionalmente querido. A sus cuarenta y dos años, es “emocionalmente un feto”. Su relación extraconyugal le revela la hostilidad de su mujer, que expresa su animosidad inconsciente comprándole espantosos trajes de un azul opaco o un marrón hígado.
Si alguien busca algo escandaloso en Las hijas de otros hombres, se quedará defraudado. Sus personajes son seres imperfectos y vulnerables, no mentes diabólicas. Tampoco hay un fondo trágico, semejante al de Desgracia, de Coetzee, la historia de otro profesor que se enreda con una de sus alumnas. Stern piensa que la felicidad perfecta consiste en escuchar a su mujer interpretando a Schubert al piano, mientras sus hijos duermen y cae la lluvia en el exterior. Desgraciadamente, ese hallazgo se produce cuando Sarah ya le ha pedido el divorcio. En ese momento, piensa que contempla un accidente desde el retrovisor, pero no se trata de algo ajeno. Es su vida la que observa, aplastada como un automóvil arrollado por un camión de gran tonelaje.


domingo, 15 de marzo de 2020

ZULEIJÁ ABRE LOS OJOS de Guzel Yájina



Todo cuanto se narra en esta novela es tan desgarrado y brutal, y resulta  tan ajeno a la experiencia vital del lector medio que incluso la descripción de cómo se tomaba un baño en la Rusia campesina del siglo pasado resulta una experiencia fascinante. Claro que las condiciones ambientes eran extremas porque en una isba tanto la letrina como la caseta de baños (muy similar a la actual sauna nórdica) se encontraban fuera de la casa, lo cual, teniendo en cuenta que las temperaturas podían alcanzar bastantes grados por debajo del cero, imponía la obligación de empezar por limpiar la nieve que cubría el sendero entre la casa y el baño; allí había que encender el fuego para calentar la estancia y el agua, hecho lo cual se podían efectuar la abluciones: la descripción de las prendas que era necesario vestir para no morir congelado durante el traslado desde la casa es otro ejercicio de estilo casi surrealista.
Y en general pasa un poco lo mismo con el resto de una narración centrada en Zuleijá, la esposa tártara que va a sufrir un inmisericorde proceso de reeducación moral resumido en el título bajo el eufemismo de “abrir los ojos”. Visto desde fuera, las condiciones de vida de una mujer perteneciente a una etnia minoritaria  y considera inferior eran tan miserables y cercanas a la esclavitud (un marido ruso brutal y maltratador, una suegra viperina y sin más ocupación en la vida que martirizar a su nuera y un régimen de trabajo doméstico que empezaba al amanecer y no terminaba hasta bien entrada la noche) que no podían ser peores si por aquellas cosas de la vida era acusada de ser una kulak y deportada a Siberia junto con otros miles de terratenientes y campesinos ricos que además de ser desposeídos de sus bienes eran hacinados en vagones de transporte de ganado y enviados a remotos campos de trabajo para su reeducación. Pero sí, resulta que en esta vida siempre  se puede ir a peor.
Aunque de religión musulmana, con todas las cargas que esa fe impone a la mujer, en el inicio de la narración Zuleijá vive con intensidad las  creencias heredadas de sus antepasados tártaros, en especial la convivencia con espíritus como el basu kapka iyase, encargado de evitar que los malos espíritus traspasen los límites del pueblo y  al que se puede comprar con golosinas para que interceda ante el zirat iyase, el guardián del cementerio. Pese a los duros castigos que puede costarle su acto, Zukleijá comete la osadía de robar alimentos en casa de su marido para comprar al guardián y asegurarse el bienestar de sus cuatro hijas, muertas al poco de nacer y enterradas en ese cementerio. Y tiene un gesto que resulta enternecedor porque una vez ante sus tumbas se ocupa de cubrirlas bien de nieve para que las niñas “descansen abrigadas y en paz hasta la llegada de la primavera”.
Un aspecto muy de agradecer, es que pese al tono despiadado y bestial que predomina en la narración (y cómo podría ser de otro modo si se están describiendo las  peores purgas de Stalin)  Gucel Yájina, la joven autora, no olvida que está hablando de personas, es decir seres capaces de las peores atrocidades y también de conservar sentimientos que los ennoblecen: generosidad, compasión, empatía o cariño, aunque es innecesario señalar que todo ello se prodiga más entre las víctimas que entre  los verdugos.
Otro aspecto impagable de esta novela es que ocasionalmente la autora deja la narración en manos de personajes tan logrados  como el profesor Wolf Karlovich Leibe, un eminente maestro y cirujano al que la naturaleza le ha borrado piadosamente la consciencia y por lo tanto no se ha enterado de que la Revolución le ha despojado de todos sus cargos, honores y bienes y que de milagro no ha sido fusilado porque las autoridades soviéticas le consideran un espía alemán. Para culminar su acto de bondad, la naturaleza no le ha privado también de su saber y su actividad como médico será una bendición para los deportados cuando él también sea enviado a  Siberia. Zuleijá abre los ojos enlaza con naturalidad con la gran tradición de la novelística rusa, pero con unos toques de modernidad muy positivos.


sábado, 7 de marzo de 2020

VOZDEVIEJA de Elisa Victoria



Hay libros que emanan un aroma, y es extraordinario que esto suceda desde las primeras líneas: “El vestido de gitana de mi madre acecha oscuro encima del armario”. En este Vozdevieja, de Elisa Victoria, ocurre el milagro. Desde la primera página se anticipa un universo que nos seduce. Es parecido a un amor a primera vista y no hay por qué desconfiar de esa rendición, sino entregarse de la manera más inocente posible. El aroma de esta historia es el de los veranos sofocantes de Sevilla, una mezcla de la flor de azahar que brota hasta en la esquina más hostil y de los olores domésticos propios de barrios de la periferia en donde el sol cae ardiente sobre las calles peladas y desiertas a la hora de la siesta. Estamos en el verano del 92, en ese año en el que solo los aguafiestas se rebelaban ante la abrumadora celebración del despilfarro, del triunfalismo, del lavado de cara de las ciudades que no modificó los barrios populares. A la Expo llegaban turistas de toda España, pero también de la propia Sevilla, de esa periferia física y sentimental que es el territorio en el que se mueven los personajes de este libro.
Mientras una ciudad se adorna con edificios de arquitectos estrella, la otra combate el calor en pisitos con paredes de papel. En uno de ellos pasan el verano la niña Marina, Vozdevieja, como así la llaman en el colegio, y su abuela, sumidas en un espacio de libertad mucho mayor que el que les permiten los escasos metros cuadrados del piso. Hablan de romances, de maridos y amantes, o del ídolo (más sexual que ideológico) de la abuela, el entonces presidente González, de todos esos asuntos que no se consideran apropiados para los niños. Marina disfruta de ese diminuto universo de costumbres relajadas y tiempo sin horario en el que habita con su abuela, y al mismo tiempo acusa la ausencia de su madre, que prefiere mantener a la niña alejada mientras trata de vencer una grave enfermedad. Siente la cría ese bienestar que proporciona la compañía de las abuelas que nos preparan filetes empanados, pero a su vez sufre con el habitual sentimiento de exclusión de las niñas que pasan demasiado tiempo con adultos. Es consciente de una rareza que la mantiene a menudo alejada de los chiquillos de la calle. Como consuelo o vía de escape, se entrega con pasión a los cómics para adultos, a las muñecas y a unos indefinidos deseos sexuales que, como contraste a esta época en que todo lo relacionado con criaturas y sexo ha de permanecer silenciado, nos ofrecen algunas de las escenas más cómicas de la novela.