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domingo, 21 de octubre de 2018

CONTRA EL VIENTO de Ángeles Caso



 Contra el viento, el último trabajo de ángeles Caso (Gijón, 1959), que cuenta ya con una trayectoria asentada y señalados reconocimientos, como la condición de finalista (en 1994) de este mismo premio, con El peso de las sombras. Más de quince años de dedicación que se dejan ver en la voluntad de estilo con la que se hace cargo, ahora, de un asunto narrativo que toma su sustancia de la realidad de muchas historias de mujeres inmigrantes que afrontan los avatares de ese infortunio luchando “contra el viento”; con la voluntad de quien se niega a masticar la derrota de su mala suerte, de un azar que reparte la buena o mala fortuna de nacer aquí o allá. Apostar por una invención nutrida de una realidad tan real representa un desafío del que no es fácil salir airosa, como no es fácil el inevitable arrastre de tópicos y lugares comunes, y sin embargo ángeles Caso logra un testimonio tan amargo y descarnado como cálido y edificante. Mucho más, sin lugar a dudas, que un dibujo convincente de la fatalidad.
El modo de encarar la narración apuesta por una estructura planeada como un viaje hacia delante y un único registro, que se deja sentir en la voz de una mujer española frenada por el peso de muchas sombras que fueron lastrando su voluntad y su carácter. Su presencia sirve de contraste y a la vez de puente con la de Sao, la joven de Cabo Verde en quien descubre, frente a su reducida existencia, a quienes viven bajo el signo de la degradación, y aún así prefieren equivocarse a encogerse y prescindir de anhelos vitales básicos. “La cuestión -afirma Amos Oz en la cita que sirve de arranque a la novela- es qué hace cada uno con las cartas que le han tocado”. La vida de Sao, desde sus primeras renuncias obligadas hasta la decisión de proyectar en Europa un posible horizonte (con parada en Portugal y España), es la jugada de quien nunca cuenta con la suerte a su favor y siempre está dispuesta a seguir apostando. De ahí que su peripecia vital ambicione una vida digna, amor, un hijo por el que luchar. Y el coste incluya hambre, miedo, humillación, agresiones fortuitas, el límite del sufrimiento… Su historia, avivada por la de otras mujeres que se cruzan en su camino, (Jovita, su madre Carlina, la maestra doña Natercia, doña Benvinda, Liliana, Zenaida,…), se impone a ninguna otra clase de artificio. Porque logra entrar de verdad en la verdad de esa historia.
 

sábado, 13 de octubre de 2018

TEA ROOM Mujeres obreraas de Luisa Carnés


Carnés, encubierta tras la lúcida mirada de Matilde, sabe que está en el bando de los perdedores incluso antes de haber perdido una guerra. El estilo capta lo que la escritora piensa del mundo: roto, voraginoso, lleno de ruido… La visión de la pobreza no es idílica ni buenista, sino violenta, corruptora y sucia. Sin embargo, no se deposita en el individuo toda la responsabilidad de sus buenas o malas acciones. Porque Carnés no es católica: reivindica la utopía comunista subrayando el significado de la solidaridad. Tampoco ve con buenos ojos a quienes rentabilizan el relato de la pobreza, la apología del origen humilde. De esa lección deberíamos aprender los escritores de la crisis, que a veces transformamos la lacra social en eslogan.
Carnés utiliza la literatura como arma cargada de futuro sabiendo que en su destreza para controlar la clave retórica reside su eficacia. Literaria y política. Es precioso el pasaje donde cuenta por qué las mujeres pobres no se alegran con la llegada del verano mientras la fina desnudez de las mujeres pudientes se exhibe en playas cosmopolitas. En la novela se evidencia el peso literario de lo concreto: las horas de jornada laboral, la cantidad de brioches, las exactas 10 pesetas del salario, la insistencia en el número en los tiempos de escasez.
La novela-reportaje como género sintetiza la observación naturalista de la experiencia laboral auténtica, los diálogos de magnetofón con sus entrañables laísmos madrileños, con la esperanza utópica del lenguaje de vanguardia, las girándulas de Guillermo de Torre, los poemas de grúas de Salvat-Papasseit, el cubismo, la máquina y la reducción metonímica de la persona a su traje que tan atinadamente resume esa denuncia de la deshumanización, la razón físico-matemática y la lógica economicista, que está en la raíz de las poéticas del 27. También como los autores del 27, en Carnés se percibe cierta influencia cinéfila que cuaja en una crítica —alienación de las obreras fascinadas por los actores que van al Tea Room— y un procedimiento: la cámara congela con rapidez opresiva al hombre travestido, la mantenida por un viejo, la encargada, la adaptable Antonia, la beatona, Marta y sus hurtos, Laurita y su ingenuidad de novela que la convertirá en carnero sacrificial… Poliedro dramático de mujeres que tienen todas las de perder. Las cosas terribles suceden con la naturalidad con la que suceden las cosas terribles en las sociedades inhumanas: abortos practicados con la varilla de un paraguas roñoso, mujeres prostituidas, obreros muertos, despidos… Tea Rooms se cierra con un interrogante: “¿Cuándo será oída su voz?”. Carnés se refiere a la emanci­pación proletaria. Los lectores sospechamos que, habida cuenta de los últimos acontecimientos nacionales e internacionales, nunca hemos dejado de estar sordos. 


domingo, 7 de octubre de 2018

EL VUELO DE LA CENIZA de Alonso Cueto


Se trata de un texto que utiliza los códigos de la novela negra. La historia es demasiado sencilla, con algunos pliegues que no cierran y sin demasiado misterio que resolver. A su vez, los personajes son bastante prototípicos (el psicópata moralista, el investigador duro que sólo se ablanda ante la belleza femenina, la chica seductora). Sin embargo, a pesar de estos puntos flojos, la novela resulta muy rica y muy entretenida de leer. Ambientada en Lima, Cueto desarrolla la habilidad de acercarnos-como al pasar- a modismos, ambientes sociales, caracteres psicológicos, todo esto sin que nos demos cuenta, sin resultar forzado (algo que no es nada fácil de lograr).  La novela hace gala de una sutileza y un ritmo muy destacables. Sobre su escritura, transcribo una cita de la reseña de Ernesto Ayala que me parece de lo más pertinente:
"Cueto sí se muestra arriesgado y desafiante es en el estilo. A diferencia de un realista más decimonónico como Vargas Llosa, Cueto recurre a la oración corta, muy escueta y sin vueltas, en la línea habitual de la novela negra. Sin embargo, y he aquí el interés, sobre la base del fraseo simple y directo, se las arregla para despegar el lenguaje de cualquier sombra avara o telegráfica, para tomarse licencias poéticas de una respetable ambición, que nunca enturbian o hermetizan lo dicho, sino que lo hacen reverberar. Por ejemplo: "En el asiento del taxi, Boris da un nuevo salto. Están en el malecón, junto a varios montones de maleza. El aire líquido se confunde con el vacío del mar. Las luces del micro que avanza en dirección contraria le hacen un guiño". Contar con agilidad y máxima economía, y al mismo tiempo utilizar un lenguaje rico, denso, metafórico, que no peque de ostentoso, sino que se muestre como otra forma de ser justo y preciso, no es una ecuación sencilla, y en este terreno Cueto obtiene sus mejores logros".


domingo, 30 de septiembre de 2018

FARÁNDULA de Marta Sanz


La farándula es, como dice la vieja Ana Urrutia, la espesa, “la síntesis de faralaes y tarántula”. El teatro (nos recuerda la autora en otro momento), ya deshechas las compañías de repertorio, sustituidos los salarios fijos por las comisiones de taquilla y el escalafón profesional por la arbitrariedad, es un reñidero de gatos y un semillero de odios. A un ritmo trepidante y nervioso, mediante flases-capítulos, Marta Sanz ha compuesto un certero friso de pobladores de ese mundo que agoniza pero todavía sobrevive. Unos son los actores que se han aventurado en la adaptación de Eva al desnudo: la ya veterana Valeria Falcón, que atisba el final de su carrera; la jovencísima e insustancial Natalia de Miguel (que lo mismo participa en un reality show que en una obra de prestigio) y su valedor (y luego marido), Lorenzo Lucas, escarmentado, pragmático y un punto cínico. Al otro lado de las candilejas, otros actores completan el reparto: la pareja compuesta por Mariana y Adolfo, que lo han hecho todo, que fueron actores reivindicativos y hoy intentan mirar los toros desde la barrera; Ana Urrutia, la actriz veteranísima a la que un ictus cerebral ha dejado en manos de todos; el matrimonio que forman la exquisita bróker Charlotte Saint-Clair y el actor de éxito mundial Daniel Valls, que, en el fondo, sabe muy bien que “es un débil mental”, como repite a menudo. Puede que esta última representación de quien alcanza la excelencia como actor, pero cuya naturaleza es simple y hasta brutal —tan fiel al pensamiento de Diderot acerca de los cómicos—, no sea el acierto mayor de este libro, aunque los lectores puedan reconocer allí —y seguramente les gustará— una visión muy satírica de quienes, sin más méritos que su vanidad y una idea elemental y aproximativa del mundo, se han convertido en iconos de la protesta contra todo.


domingo, 23 de septiembre de 2018

LA MUERTE FELIZ de Albert Camus


Sin duda en esta obra Camus propone sus grandes temas; esos que irá desarrollando cada vez con más dedicación a lo largo de toda su carrera literaria: la soledad, el amor, la libertad, el dolor, la maldad. Y, como hicieron otros autores de innegable habilidad como Kafka, Dostoyevski o Sartre, Camus reflexionó en torno a esos temas importantes a través de la ficción.
La novela es algo corta y está dividida en dos partes. 
 La primera parte, titulada "Muerte natural", describe la monótona y vacía vida de Patricio Mersault con su aburrido trabajo de oficinista y su relación poco importante con su novia. Mersault logra conocer al rico e inválido Roland Zagreus, quien le enseña a Mersault una forma de escapar: "Sólo se necesita tiempo para ser feliz. Mucho tiempo. La felicidad, también, consiste en tener gran paciencia. Y casi siempre nos pasamos la vida gastando tiempo para ganar dinero, cuando deberíamos estar gastando dinero para ganar tiempo". Mersault decide entonces matar a Zagreus y quedarse con su fortuna para así construir su felicidad.
 La segunda parte, titulada "Muerte consciente", relata el viaje que realiza Mersault por toda Europa con el dinero de Zagreus. Viajando en tren de ciudad en ciudad, no logra encontrar su anhelada paz y decide regresar a Argel, a vivir en una casa junto al mar con tres jóvenes amigas. Todos aquí tienen una sola meta: la búsqueda de la felicidad. Pero Mersault necesita soledad. Se casa con una hermosa mujer a la que no ama, compra una casa en un pueblo cerca de la playa, y se muda solo. "A esta hora de la noche, su vida le parecía algo tan remoto. Se sentía tan solo e indiferente hacia todo y hacia él mismo, que Mersault sintió que al fin había alcanzado aquello que tanto quería: que la paz que ahora lo llenaba naciera del paciente abandono propio que había seguido y logrado sin la ayuda de este cálido mundo tan presto a negárselo sin ira." Gravemente enfermo, Mersault tuvo una muerte feliz.
 La novela evidencia el tema principal: ¿cómo morir feliz?, es decir, ¿cómo vivir feliz hasta el punto de que la muerte también sea feliz? De este vivir y morir hermosos la primera parte es el revés, sin dinero, sin tiempo y sin dominio sentimental; la segunda, gracias a la independencia financiera, a una organización del tiempo y a la paz del corazón, es el derecho. Estos son, en resumen el contenido y el sentido de La muerte feliz


domingo, 16 de septiembre de 2018

EL HOMBRE BICOLOR de Javier Tomeo


El hombre bicolor narra la extraña aventura de Hermógenes W., quien una mañana de finales del siglo XIX aterriza en una pequeña ciudad para reclamar el pago de los impuestos correspondientes. De su éxito depende el que deje de ser un oficial de segunda para convertirse en todo un Inspector del cuerpo de recaudadores. Sin embargo, lo que encuentra a su llegada es una ciudad extrañamente vacía, como si todos su habitantes acabaran de abandonarla a marchas forzadas ante la amenaza de una plaga. A partir de aquí, todo lo que puede hacer es mantener la calma mientras espera que sus víctimas recuperen la normalidad de sus vidas. Se instala en un hotel frente a la plaza principal, alrededor de la cual dos perros de raza desconocida atestiguan su fantasmagórica presencia mediante ladridos trasnochados y donde las hojas de los árboles no responden con su movimiento a la dirección del viento. Desde lo alto de una colina situada fuera de los límites marcados por esa muralla medieval que cubre la ciudad, le contempla silencioso un castillo vampírico. Todo lo que rodea a Hermógenes inspira una creciente desolación y una amenaza latente: que se pervierta el  orden del universo hasta convertir la soledad en algo inevitable… y la identidad en algo improbable.  
Esta novela de apenas ciento diez páginas tiene la inusitada virtud trasladarnos a un mundo bastante parecido al nuestro. En él conviven el ciudadano satisfecho de su convencionalidad, el protestatario con ánimo de revertir la proporción de poderes –el subconsciente de Hermógenes–, y el político dispuesto a adulterar la baraja para repartir las mejores cartas allí donde los beneficios parecen más evidentes –una presencia fantasmal que se intuye a lo largo de toda la novela. Queda claro desde un principio que el protagonista no sabe a cuál de sus identidades aferrarse, y que quienes fomentan esa discordancia se contentan con esperar la carroñera recolección de los restos.
El hombre bicolor remite a dos de los pensadores literarios más relevantes del siglo XX. Su Boromburg nos recuerda a la Comala de Juan Rulfo, con esa misma parentela venida del Tártaro para recuperar algo de su vida extinguida, y su personaje de Hermógenes parece una mezcla perfecta entre el Josef K. de El proceso y el Gregorio Samsa de La metamorfosis. Su trama es dinámica y envolvente, y su trasfondo remite a una situación sociopolítica que poco tiene que ver con la ficción. Boromburg podría ser cualquier ciudad de Occidente, Hermógenes W. la extensión psíquica de un ciudadano confundido por tanta mentira, y esa presencia fantasmal la representación literaria de un vampiro político dispuesto a chupar la sangre de sus votantes. Juan Benet acusaba a Tomeo de hacer «croquetas literarias», libros de idénticos sabor. Sin embargo, se me ocurre que tal vez esa fijación con lo absurdo, lo raro y lo monstruoso venía impulsada por el poco caso que se le hacía desde las altas esferas editoriales y académicas.



sábado, 8 de septiembre de 2018

TODO ESTÁ PERDONADO de Rafael Reig



 La narración comienza con la misteriosa muerte, en el mismo día de su boda, de Laura Gamazo, hija de un prohombre de los negocios, el cual encarga la investigación del suceso a varios detectives. Este motivo de la historia quedará pronto relegado para dar paso a otros, pero el aroma del género negro -claro que con toques paródicos- reaparece de vez en cuando, como en la larga escena entre el detective Clot -que ya figuraba entre los personajes de Sangre a borbotones (2002)- frente a Lou Seltz y sus matones (pp. 318-322), que parece un homenaje a Raymond Chandler y que más tarde conducirá a un grotesco encuentro amoroso entre los antagonistas. El asunto de la muerte de Laura es tan sólo el pretexto para reconstruir la historia familiar de los Gamazo desde antes de la guerra civil hasta lo que el narrador llama “la Inmaculada Transición”. Uno de los narradores, habría que precisar, porque el relato cambia de puntos de vista para ofrecer ángulos diferentes de esa compleja realidad que es la evolución de la sociedad española encerrada en la gran urbe de Madrid y contemplada con una mirada fluvial, ya ensayada también en Sangre a borbotones: “Se halla dividida por una espina dorsal, el Canal Castellana, ese oscuro río que fue un bulevar ruidoso: bajo el agua aún se agitan, como esqueletos de manos cubiertas de liquen, mordidas por los peces, las ramas de las acacias, de los plátanos y de algún que otro castaño que ya estará colonizado por corales y espinas” (p. 21). En esta sostenida metáfora, el canal tiene su “rive droite”, que es “asiento de la burguesía y el dinero [...] casi siempre obtenido por medios delictivos”, y la “rive gauche”, que es “un amasijo grasiento de populacho y clase media, salpicado de intermitencias de bohemia artística”. Y cuenta con lugares significativos, como el malecón del Prado, Puerto Atocha o la isla de Cibeles. 

La historia de los envases de hostias consagradas es un buen hallazgo de grand guignol, pero queda un tanto desaprovechada en medio de escenas que no siempre parecen estar ordenadas adecuadamente en la misma dirección. Se atiende a varios frentes, pero de modo desigual. Este aspecto constructivo, con sus continuos saltos de eje, está algunos codos por debajo de la calidad de la prosa, impecable, en general, aunque con alguna caída en la trivialidad (“el día a día”, p. 46), algún anacronismo (“ya te vale” [p. 172] no es giro existente en los años 40), algún craso error (el pacto de Cánovas no puede “hacer aguas” [p. 79], así, en plural) y algún pecado mortal (“no se dignaba a mantener contactos”, p. 217) que requiere urgente confesión.