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sábado, 25 de septiembre de 2021

VOLVER A DÓNDE de Antonio Muñoz Molina


“Los hechos tan excepcionales como los acaecido en la reciente pandemia o se cuentan enseguida o quedan lejos en poco tiempo”, afirmó el autor en la rueda de prensa donde presentó su nuevo libro “Volver a dónde”. Pregunta que nos hacemos todos y que no sabemos todavía si queremos volver al mundo en que vivíamos antes de la pandemia o preferimos un mundo mejor, más solidario y sociable.

Volver a dónde” es un libro que está escrito en tres planos temporales. El primero es el diario del confinamiento, que está regido por el miedo al porvenir; el segundo se desarrolla unos meses después y está gobernado por la incertidumbre, no sólo de lo que pasará sino también nos cuestionamos de lo que hemos hecho bien o mal, y el tercero es una introspección al pasado del autor, una rememoración de su infancia y a lo que le contaron sobre el pasado sus padres y su tío. Unos recuerdos familiares que hay que preservar del olvido, “antes de que desaparezca de nuestras memorias”.

Año 2020. Después de un confinamiento de tres meses, el narrador ve cómo Madrid va despertando en esa denominada 'nueva normalidad'. Desde su balcón contempla cómo su ciudad ha cambiado: sus amigos de la infancia han ido muriendo, sus recuerdos le consuelan mientras reflexiona sobre el mundo actual y cómo este, a pesar de la crisis que acaba de atravesar, sigue reproduciendo ciertas prácticas dañinas.

 Para Muñoz Molina dejar testimonio del presente es un deber cívico, pero también un desafío literario. En 'Volver a dónde' narra sus propias reflexiones, esas que le acompañaron en su encierro pandémico, que le llevaron a recorrer su historia familiar y nuestra propia historia como país. Poniendo en contraste esa España rural y campesina de los años treinta con la España urbana y modernizada, arrasada por la globalización, se pregunta por las razones que le han llevado a él a estar aquí, por los motivos que nos han llevado a todos a estar así.

Tras un encierro de tres meses, el narrador asiste desde su balcón al despertar de la ciudad a la llamada nueva normalidad, mientras revive los recuerdos de su infancia en una cultura campesina cuyos últimos supervivientes ahora están muriendo. A la dolorosa constatación de que con él desaparecerá la memoria familiar, se le suma la certeza de que en este nuevo mundo nacido de una crisis global sin precedentes aún prevalecen unas prácticas dañinas que podríamos haber dejado atrás.

Volver a dónde es un libro de una belleza sobrecogedora que reflexiona sobre el paso del tiempo, sobre cómo construimos nuestros recuerdos y cómo éstos, a su vez, nos mantienen en pie en momentos en que la realidad queda en suspenso; un testimonio imprescindible para entender un tiempo extraordinario y la responsabilidad que adquirimos con las nuevas generaciones.

Certero observador de la actualidad, Antonio Muñoz Molina ofrece en estas páginas, a modo de una suerte Diario del año de la peste de Daniel Defoe contemporáneo, un lúcido análisis de la España actual a la vez que refleja la transformación irreversible de nuestro país durante el último siglo.



 

sábado, 18 de septiembre de 2021

LA CANCIÓN DE DOROTEA de Rosa Regás


 

 

Así nos introduce en el relato la autora de la novela “la canción de Dorotea”. Esta cita de Sandor Marai es el eje temático de la narración, nos está indicando que es la historia de un fracaso vital y de una frustración humana puesto que las protagonistas femeninas quieren cambiar porque no se aceptan como son, quieren ser la otra, quieren cantar la canción de Dorotea no la suya propia. Para ello, la autora emplea un recurso de la estilística feminista que consiste en la utilización par de dos personajes protagonistas femeninos, las cuales toman conciencia, se autodescubren a sí mismas a través de la otra. Se produce un espejamiento mutuo como individualidades similares que comparten un universo femenino común.

Aparece el elemento catalizador, la razón por la cual desean ser otra persona y no ellas mismas, de convertirse y transformarse en Dorotea. El amor oscuro es la causa activadora de las pasiones en su estado primario, que son corriente sin mar, ciudad sin muro, hiel y herida para las dos protagonistas y será también para ambas el origen de su tragedia, puesto que, como dice el personaje de Aurelia:

Los celos, un sentimiento que no tiene género masculino o femenino y que no es exclusivo de un solo sexo, que llega a desencadenar las reacciones más imprevisibles e inesperadas, de resentimiento, venganza o tragedia.

Así pues, se nos muestran en la novela unos amores oscuros, bajos, pasionales que arrastran y dejan sin voluntad a sus dos protagonistas, las cuales acaban transfigurándose en otro ser desconocido ante ellas mismas y que las inducirá a cantar la canción de Dorotea.

Dorotea va a ser ese personaje inventado y paralelo a la vida de las dos protagonistas que les sirve para esconder las acciones más sórdidas, los pensamientos y sueños más obscenos de los bajos instintos sexuales. Únicamente el destino propio de cada una de ellas se encargará de dar su veredicto y condenar en un justo castigo tanta mentira de obra y de pensamiento, tanta desvergüenza y negligencia por parte de sus autoras.

La escritora es partidaria de la libertad femenina, una liberación sexual, económica, social, una liberación íntegra, y así es como van a actuar, o por lo menos lo van a intentar ambas protagonistas cantando otra canción que no es la suya, la que les va a permitir dar rienda suelta a sus anhelos y deseos más íntimos y secretos, liberar esos caballos blancos y alados que las transportarán por caminos y vidas forjadas en el jardín prohibido de sus misterios y fantasías y que únicamente Dorotea les puede ofrecer, por tanto, esa es la única canción para ellas y es la que deciden cantar.




sábado, 11 de septiembre de 2021

LOS VENCEJOS de Fernando Aramburu


 

Toni, un profesor de instituto enfadado con el mundo, decide poner fin a su vida. Meticuloso y sereno, tiene elegida la fecha: dentro de un año. Hasta entonces cada noche redactará, en el piso que comparte con su perra Pepa y una biblioteca de la que se va desprendiendo, una crónica personal, dura y descreída, pero no menos tierna y humorística. Con ella espera descubrir las razones de su radical decisión, desvelar hasta la última partícula de su intimidad, contar su pasado y los muchos asuntos cotidianos de una España políticamente convulsa. Aparecerán, diseccionados con implacable bisturí, sus padres, un hermano al que no soporta, su exmujer Amalia, de la que no logra desconectarse, y su problemático hijo Nikita; pero también su cáustico amigo Patachula. Y una inesperada Águeda. Y en la sucesión de episodios amorosos y familiares de esta adictiva constelación humana, Toni, hombre desorientado empeñado en hacer recuento de sus ruinas, insufla, paradójicamente, una inolvidable lección de vida.

"He leído que los vencejos emigran hasta más allá del Sáhara, hasta Uganda y por ahí, y que pasan la mayor parte de su vida en el aire. Justamente lo que yo habría deseado: no tocar el suelo, no rozarme con nadie", recita el actor Alberto San Juan. Es un fragmento deLos vencejos, la próxima novela de Fernando Aramburu, que regresa al mundo literario el 25 de agosto, cinco años después de la publicación de Patria.

Esta historia descrita por Tusquets, la editorial de Aramburu, como "ácida y enternecedora", se introduce en la piel de Toni, un profesor de instituto que, enfadado con el mundo, decide poner fin a su vida. El docente se pone de fecha límite un año y durante ese tiempo redactará cada noche una crónica personal. Mediante la escritura pretende descubrir las razones que le han llevado a tomar una decisión tan drástica. Junto a su perra Pepa, y una biblioteca de la que se va desprendiendo, realizará un viaje al pasado, a sus relaciones interpersonales y a una España políticamente convulsa.

El argumento de Los vencejos teje una sucesión de episodios amorosos y familiares en los que Toni, hombre desorientado empeñado en hacer recuento de sus ruinas, insufla, paradójicamente, una inolvidable lección de vida.






sábado, 4 de septiembre de 2021

PEQUEÑAS MUJERES ROJAS de Marta Sanz


 

Paula Quiñones llega a Azafrán para localizar fosas de la guerra civil. Mantendrá correspondencia con Luz (suegra de Zarco, el detective tan poco convencional que conocemos de Black, black, black y de Un buen detective no se casa jamás,  cuarentón y gay, exmarido de Paula a la que contará sus amores con David Beato, descubrirá sus temores respecto a la existencia de un delator y relatará las leyendas familiares. Al mismo tiempo, Analía, madre de David, cuida amorosamente de Jesús Beato, dulce patriarca que acaba de cumplir un siglo, y atiende a los mensajes que este le sopla al oído… Pronto, una atmósfera gelatinosa y endogámica amenaza con aplastar a Paula: el western expresionista se enturbia hasta llegar al extremo de un terror habitado por animales que podrían hablar, pero permanecen mudos; una niña que quiso ser cantante y peona caminera; y una legión de fantasmagóricos niños perdidos y mujeres muertas…

La nueva novela de Marta Sanz cierra la trilogía del detective Arturo Zarco. A partir de la investigación de unas fosas comunes de la guerra civil, las memorias más duras llenan las páginas de ‘Pequeñas mujeres rojas’. Una obra ambiciosa en la que la autora no deja sin remover ni un solo pedazo del pasado más reciente, escarba en los silencios del siglo XX para exhibir su precioso botín ante los ojos vagos, colaboradores y laxos del siglo XXI.

Los días comienzan atestados de desconocidos hasta que llega alguien que cuida de sus vidas y de sus muertes. Hasta que llega alguien ficticio como Paula Quiñones o alguien real como la escritora Marta Sanz (Madrid, 1967) y los nombran y los sostienen sobre sus honestas manos, a pesar de que sus huesos y sus nombres sean un puzzle macabro escondido por los sátrapas bajo la tierra.

No es fácil enfrentarse a la lectura de una novela como Pequeñas mujeres rojas, no es fácil enfrentarse a esa alternancia de memorias que la autora despliega a lo largo de cada capítulo con la firme intención de no dejar nada sin decir. Estremece cómo entra en cada rincón oscuro, cómo mete la linterna dentro de su boca hasta acabar con la perseverancia de la oscuridad. Estremece cómo la renombra, cómo organiza el silencio, cómo fabula hasta habilitar un lenguaje capaz de acabar con la infranqueable ignominia facilitada por el oportunismo de un iluminado de baja estatura alimentado por la sombras.