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sábado, 19 de mayo de 2018

HAY ALGO QUE NO ES COMO ME DICEN de Juan José Millás



No voy a mentir. Busqué este libro en la biblioteca al poco de enterarme del nuevo cisco político (y cutrefacto, todo hay que decirlo) que nos ofrece nuestro querido país. Me refiero a toda la historia del nuevo alcalde de Ponferrada (León), del PSOE y que, al parecer, ha logrado su alcaldía gracias al apoyo del PPero Ismael Álvarez, (penosamente) muy conocido en toda Spain por culpa de la condena por acoso sexual a una concejala de su partido que le cayó hace unos añitos. La concejala se llamaba Nevenka Fernández y era muy joven y guapa. Seguro que se acuerdan...

No voy a entrar en detalles sobre esta noticia, ni dar mi opinión sobre la espinosa pregunta que preside todo el marrón (¿Merece seguir en política un tipo que fue condenado por acoso sexual y que pagó la pena que por ello le pusieron?). Sólo voy a contarles qué me parece el libro que Juan José Millás escribió sobre el acoso que sufrió Nevanka Fernández, que actualmente vive y trabaja fuera de España junto a su novio. Un libro que el reconocido (y de peculiar estilo) escritor tejió basándose en las entrevistas, más bien informales, que mantuvo con Fernández. 

Hay algo que no es como me dicen me ha agradado y sorprendido, sobre todo, por su frescura. 
Millás abandona en esta ocasión sus habituales vericuetos metaliterarios, fantásticos y enrevesados, para contar con un lenguaje claro y libre de todo lirismo, sin "efectos especiales", se puede decir, una historia basada en el testimonio de una víctima, y sus propias conclusiones y reflexiones. 

Así, si lo que el lector busca aquí es morbo, se sentirá decepcionado. Y eso que en manos de otro escritor, el sensacionalismo habría estado bien servido gracias a los ingredientes básicos del llamado "caso Nevenka": chica guapa y de buena familia, con apenas 24 años, se convierte en concejala de su pueblo y se lía con su jefe, el alcalde, un cacique cincuentón que pasa de halagarla babosamente a hacerle la vida imposible cuando ésta decide dejarle.


sábado, 12 de mayo de 2018

EL CURA Y LOS MANDARINES de Gregorio Morán


Comienza su relato en los albores de 1962. El Contubernio de Múnich fue un punto de partida, aunque aún no sepamos quiénes eran los supuestos doscientos españoles que por ahí transitaban. Ese tiempo, hasta el 69, es en el que, considera Morán, se dio un cierto florecer de la creación española. Cita dos nombres simbólicos. Martín Santos y Max Aub, por razones distintas. Tanto el autor de ‘Tiempo de silencio’ como el de ‘La verdadera muerte de Francisco Franco’ vivieron una inusitada suerte de olvido que aún está por corregir. Max Aub, parisino que decidió escribir en español, tuvo la humarada, tras volver del exilio, de presentarse en una librería de Madrid y preguntarle al dependiente. ¿Tienen algún libro de Max Aub? , a lo que el muchacho respondió. No tocamos autores extranjeros . Depresión.
Y llegaron los setenta, donde se iba apagando la conciencia crítica, pero donde también apareció el personaje que Morán utiliza de hilo conductor para el resto del relato. el cura Aguirre, con los años duque de Alba. Aguirre era mejor traductor que escritor, como posiblemente sepamos. Incluso no mal editor. Pasó del FLP a asesor del gran Pío Cabanillas Gallas (gran personaje ¡sin biografía!) y después a director general de Música y Danza teniendo como tenía un oído de corcho. Y luego fue duque, como queda descrito en la crónica de la vida, resultando simbólico, catalizador, emblemático.
Los ochenta fueron, según criterio de Morán, los años en los que el PSOE regó la cultura con subvenciones dando por sabido que las subvenciones se cobran. Tú tendrás lo que quieras, pero cuando yo toque el pito te pondrás firme. Y así ocurrió con el referéndum de la OTAN. es indudable que aquel tour de force al que nos sometió Felipe González por no atreverse a tomar por él mismo una decisión no se hubiese ganado sin el apoyo de los intelectuales. La presión fue monumental, se fracturó a la intelectualidad (recuerden a Juan Benet) y los supuestos agentes que actuaban como falso intelectual colectivo (el diario ‘El País’) dieron la medida de sí mismos. No hay nada más corruptible que un intelectual, recuerda Morán en su libro. ni siquiera un banquero, que es algo más caro. En la intimidad son muy críticos, luego en la escena pública son tan tímidos como poco audaces.
El libro es un repaso impagable. Resulta de lectura lenta. No tengan más prisa que el propio autor en concluir la obra.


sábado, 5 de mayo de 2018

LA INVENCIÓN DE MOREL de Adolfo Bioy Casares






El Fugitivo comienza un diario luego de que unos turistas llegan a la isla desierta en la cual se esconde. Aunque considera esta presencia un milagro, teme que ellos puedan atraparlo y entregarlo a las autoridades. Cuando los turistas ocupan el museo que se encuentra en la cima de la colina, sitio donde él había vivido hasta entonces, el Fugitivo se refugia en los pantanos. A través del diario descubrimos que éste es un escritor venezolano sentenciado a reclusión perpetua. Él cree que se encuentra en la isla (imaginaria) de Villings, parte del archipiélago de islas Ellice (actualmente Tuvalu), aunque no está seguro. Todo lo que sabe a ciencia cierta es que en la isla existe una extraña enfermedad cuyos síntomas son similares a los del envenenamiento por radiación.
Entre los turistas se encuentra una mujer que observa el atardecer todos los días desde el acantilado al oeste de la isla. El Fugitivo espía a la mujer, a quien bautiza Faustine, y termina por enamorarse de ella. Faustine es visitada con frecuencia por un hombre, un científico con barba llamado Morel, con quien habla en francés. El Fugitivo decide tomar contacto con ella, pero la mujer no reacciona ante su presencia. Él supone que ella ha decidido ignorarlo, pero sus encuentros con los otros turistas son similares. Nadie en la isla toma nota de su presencia. Él menciona que las conversaciones entre Faustine y Morel se repiten semana tras semana y tiene miedo de estar volviéndose loco.
En forma tan repentina como habían aparecido, los turistas desaparecen. El Fugitivo regresa al museo e investiga, pero no encuentra evidencia de que allí hayan vivido personas durante su ausencia. En un comienzo, atribuye toda la experiencia a una alucinación producida por envenenamiento de la comida; sin embargo, los turistas reaparecen esa misma noche. Si bien parecen surgir de la nada, éstos conversan como si hubieran estado allí por cierto tiempo. El Fugitivo los observa desde cerca (aunque evitando tener un contacto directo) y nota otras cosas extrañas. En el acuario encuentra copias idénticas de los peces muertos que había encontrado el día de su llegada. Durante un día en la piscina, ve a los turistas dando saltitos para entrar en calor, cuando en realidad el calor es insoportable. En el cielo observa el fenómeno más extraño de todos: la presencia de dos soles y dos lunas.

domingo, 29 de abril de 2018

TODOS LOS POEMAS (1975 - 2012) de Joan Margarit


Una obra completa son todos sus libros y a la vez un único poema: el que todo poeta siempre está escribiendo y que nunca acaba de terminar. Para los simbolistas el libro era más importante que el poema; para Margarit, no: para él, la poesía es «la complejidad de fondo» del poema. De ahí que los mejores suyos tengan la compacta solidez de los antiguos epigramas y que, por eso mismo, recuerden tanto la estructura del soneto; de un soneto que él ha cultivado, pero que se ha permitido metamorfosear dirigiéndolo o hacia sus orígenes –el epigrama– o hacia su desarrollo –la elegía–, que son los cauces por los que su escritura suele transitar.
La poesía para él es, sobre todo, subjetividad, pero también y, en grado no menor, enigma y misterio. Y la combinación de ambos elementos produce lo que este autor más busca: la intensidad, que, en su caso, surge de un profundo análisis de la contingencia y de una aceptación de la realidad, porque, para él, como para el Pedro Salinas de «Lo que queremos nos quiere aunque no quiera querernos», también «es amor / aquello que parece hostil».
Margarit capta lo trascendente que hay en lo cotidiano. Por eso el estilo y tono que prefiere es el propio de la lengua coloquial, rasgo este que lo acerca a Hardy y Larkin más que a Eliot y Auden, y sobre el que pivota lo que él mismo ha denominado «una inteligencia sentimental» que, en no pocas ocasiones, se aproxima mucho a lo que los latinos entendían como consolatio. Lo que explica también su serenidad y la ausencia en él tanto de histrionismo como de trucos y aparato, porque lo que el lector tiene delante es una instancia de discurso lírico que no renuncia ni a lo civil ni a lo moral, y que no pocas veces los conjuga con excelentes resultados en poemas verdaderamente memorables.
Como todos los poetas que de verdad lo son, Margarit no tiene temas sino obsesiones que son, más que los rasgos de su estilo, lo que le confiere climática unidad y que produce en el lector una hospitalaria sensación de amparo. No me refiero sólo a sus versos de ámbito doméstico, íntimo y familiar, en cuyo tratamiento lírico ha ido más lejos que nadie, sino a esas continuas inmersiones en Homero, los personajes de la Ilíada, los intérpretes de jazz, determinadas áreas de la música y del cine de posguerra, espacios y paisajes de la Cataluña urbana y rural, la isla del tesoro a la que nunca ha renunciado, los viajes en barco y en tren, las ciudades y los hospitales que constituyen su materia prima, que él somete a una honesta y despiadada reflexión, visible en sus perfectos versos gnómicos («La ironía es el sentido común de la derrota»), en los que consigue que las palabras no coincidan con el «infierno de su significado»


domingo, 22 de abril de 2018

MIS VIAJES POR EUROPA de Carmen de Burgos - Colombine


A finales de 1906 retomó su labor docente y periodística y lanzó una campaña en El Heraldo de Madrid a favor del sufragio femenino con una columna titulada El voto de la mujer. Al año siguiente, con la llegada al gobierno del conservador Antonio Maura, el ministro de Instrucción Pública Rodríguez-San Pedro la destinó a Toledo para alejarla de Madrid, según su biógrafa Concepción Núñez. Seguía volviendo a su casa de Madrid todos los fines de semana para animar la tertulia literaria que había creado a su regreso de Francia, ‘La tertulia modernista’. Aquella reunión semanal de escritores, periodistas, músicos, artistas plásticos, poetas y artistas extranjeros de paso por Madrid se mantuvo varios años y estuvo en el origen de la Revista crítica. Allí conoció a Ramón Gómez de la Serna, entonces un desconocido estudiante de 18 años, con el que mantuvo una intensa relación amorosa y literaria durante 20 años.3
Tras el desastre del Barranco del Lobo en el Rif en 1909, Carmen de Burgos decide acercarse a las tropas españolas que luchaban alrededor de Melilla. Allí ejerció de corresponsal de guerra del diario El Heraldo de Málaga. Una vez de vuelta a Madrid, publicó el artículo ¡Guerra a la guerra! en el que defendía a los pioneros de la objeción de conciencia.3
Con la proclamación de la Segunda República en 1931, la nueva constitución reconoció el matrimonio civil, el divorcio y el voto femenino, colmando así las aspiraciones de Carmen de Burgos. Se afilió al Partido Republicano Radical Socialista y fue nombrada "presidente" de la Cruzada de Mujeres Españolas y de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Iberoamericanas. Fue también elegida ‘vicepresidente primero’ de la Izquierda Republicana Anticlerical, y en noviembre de 1931 ingresó en la masonería donde fundó la logia Amor de la que era Gran Maestre.3
El 8 de octubre de 1932, mientras participaba en una mesa redonda sobre educación sexual en el Círculo Radical Socialista, Carmen de Burgos empezó a sentirse mal y fue trasladada a su domicilio donde le atendieron tres médicos, entre los cuales estaba su amigo Gregorio Marañón, pero sin éxito. Falleció a las dos de la madrugada del día 9 y fue enterrada en el cementerio civil de Madrid en presencia de los principales políticos e intelectuales de la época. Clara Campoamor, junto con varios intelectuales, pidió que se diera su nombre a una calle de Madrid. Tras la Guerra Civil y la victoria del régimen franquista, su nombre fue incluido en la lista de autores prohibidos y sus libros desaparecieron de las bibliotecas y las librerías


domingo, 15 de abril de 2018

FANTOMAS CONTRA LOS VAMPIROS MULTINACIONALES de Julio Cortázar




  La reunión de Bruselas del Tribunal Russell II había terminado a mediodía, y el narrador de nuestra fascinante historia tenía que regresar a su casa de París, donde lo esperaba un trabajo bárbaro, razón por la cual no tenía demasiadas ganas de volver; esto explicaba su tendencia a demorarse en los cafés, mirar a las chicas que paseaban por las plazas y revolotear por todas partes como una mosca en vez de encaminarse a la estación.

    Ya tendría tiempo en el tren para reflexionar sobre lo sucedido en esa dura semana de trabajo; por el momento sólo le había interesado cerrar los ojos del pensamiento y dedicarse a no hacer nada, cosa que según él merecía de sobra. Le encantaba la vagancia por una gran ciudad, deteniéndose en las vitrinas, tomándose un café o una cerveza cada tanto en lugares donde la gente hablaba de otras cosas y vivía de otra manera, y sobre todo mirando a las chicas belgas, que como todas las demás chicas de este mundo eran esencialmente mirables y admirables. Fue así como nuestro narrador pasó largas horas derivando, caboteando, orzando y anclando en diferentes lugares de Brucelas, hasta que bruscamente entre dos tragos de una ginebra y la pitada al cigarrillo que se situaba exactamente entre los susodichos tragos, se dio cuenta de algo curioso: la presencia inconfundible de una multitud de latinoamericanos en los lugares más diversos de la ciudad.

    Recapitulando (se le iba a ir el tren, pero por otra parte estaba ya a una cuadra de la estación y con un buen sprint llegaría a tiempo) se acordó de los dos dominicanos hablando animadamente en la plaza mayor, del boliviano que le explicaba a otro cómo comprarse una camisa en un supermercado del centro, de los argentinos que dudaban de la calidad del café antes de animarse con gran palmada en los hombros y entrar en un local de donde acaso saldrían agonizando. Pensó en las chicas (¿colombianas, venezolanas?), cuyo acento lo había decidido a arrimarse lo más posible, sin hablar de las minifaldas que constituían otro poderoso motivo de interés. En resumen, Bruselas parecía sensiblemente colonizada por el continente latinoamericano, detalle que al narrador le pareció extraño y bello al mismo tiempo. Pensó que una semana de trabajo en el Tribunal, donde el español había sido la lengua dominante, lo sensibilizaba demasiado a los fenómenos meramente turísticos; pero a la vez tuvo la impresión de que no era así y que hasta el aire olía a pampas, a sabanas y a selvas, cosa más bien infrecuente en una ciudad tan llena de belgas y cervecerías

 

sábado, 7 de abril de 2018

EN EL ÚLTIMO AZUL de Carme Riera


Los hechos históricos en los que se basa En el último azul sucedieron en Mallorca entre los años 1687 y 1691. El 7 de marzo de 1687, un grupo de judíos conversos mallorquines, temiendo ser detenidos por la Inquisición, decidieron embarcarse rumbo a tierras de libertad. El mal tiempo frustró su huida, fueron apresados y, finalmente, treinta y siete de ellos condenados a la hoguera en cuatro Autos de Fe, en la primavera de 1691. La novela trata de recrear cómo vivieron y murieron los criptojudíos mallorquines del siglo XVII, en un mundo en el que se entrecruzan inquisidores, aristócratas, comerciantes, campesinos, bandoleros o mujeres venales, como la inolvidable Beatriu Mas ofreciendo un amplio mosaico de acontecimientos, en cuya trama el lector queda atrapado desde las primeras páginas.
En el último azul puede considerarse la novela más ambiciosa y lograda de Carme Riera. El Premio Nacional de Literatura otorgado en 1995 a la versión original catalana no hace más que conformarlo
El tema de los chuetas ha sido tratado por historiadores, sociólogos y novelistas. El problema de la aceptación de nuevos conversos es complejo en cualquier cultura. En la española ofrece aún más retos debido a las coyunturas históricas de los diversos pueblos que habitaron en su geografía. Cristianos, judíos y árabes crearon una civilización especial, pero en ningún momento esas vivencias dejaron de ser conflictivas y problemáticas. La bibliografía sobre estos temas es amplia y conocida. La Inquisición no existió fuera de un contexto religioso, social, histórico y temporal. También fue llevada dondequiera que se extendió el dominio español, y en cada lugar fue igual en algunos aspectos y diferente en otros muchos. El mérito de En el último azul es su complejidad narrativa, su innovador uso de los procesos inquisitoriales, su rica intertextualidad y su admirable planteamiento de las cuestiones éticas que prevalecían en la época y que Carme Riera obliga a examinar como lectores activos de su obra.
Unos personajes, según confesó la autora, a los que inevitablemente tuvo que acompañar impotente hacía un final trágico e ineludible. Para ello, Carme Riera afrontó la recreación minuciosa y rigurosa de aquel momento, costumbres, caracterizaciones, lugares y lenguaje como condición necesaria para dotar al relato de verosimilitud y contundencia. Todos los detalles, anécdotas, pinceladas y expresiones están sacados de la extensa investigación documental previa en que la escritora se sumergió, porque uno de los objetivos claros de la novela es meternos con toda la intensidad posible en la irrespirable atmósfera en la que debieron desenvolverse los xuetes, creyentes o no en la religión de sus antepasados, desde que decidieron aceptar prácticas y usos católicos para evitar su expulsión.