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sábado, 11 de noviembre de 2017

QUÉDATE ESTE DÍA Y ESTA NOCHE CONMIGO de Belén Goprgui

¿Qué lenguaje es el apropiado para hacer de Google un personaje? Gopegui recurre a un modelo canónico que es fruto, a su vez, de una reflexión similar en condiciones históricas muy diferentes: el lenguaje religioso. Por la función que cumple en la sociedad actual, es más fácil dirigirse a Google como si fuera una divinidad que haciendo de él una simple institución o un simple objeto. Se impone la segunda persona, mezclando el registro reverencial con el gesto desafiante. Y, puesto que la novela no es el monólogo de un perturbado, esa segunda persona se justifica en el contexto de una solicitud de empleo. Los autores de la solicitud que Google deberá evaluar son dos: Mateo, que tiene veintidós años y vive con sus padres, y Olga, una empresaria jubilada de sesenta y dos. La solicitud está concebida como un texto que pueda pasar los filtros de Google pero, al mismo tiempo, como un manifiesto que tal vez provoque alguna reacción en el cerebro corporativo de la bestia. Por supuesto, saben que quien leerá el texto será un becario o una becaria, y en unas ocasiones se dirigen a esta figura, en otras directamente a la marca registrada.

“Alguien pide trabajo. Pedir, solicitar, rogar, suplicar se mueven en un campo semántico parecido”. Los demandantes de empleo se convierten así en suplicantes, y adoptan frente al posible empleador la actitud del creyente pero, a la vez, la del relapso, pues la solicitud, la súplica, se convierte en seguida en acusación y queja. Acusación y queja que el empleador desdeñaría fácilmente pero que, al mismo tiempo, podría interesarle por su condición de gesto inesperado y a la vez desesperado: “Mateo y Olga son una mota de polvo contra un río, y el río eres tú”, Google, pero por lo mismo son una mota de polvo incómoda: “Quizá piensas en tentar a Mateo, sobornarle”. Frente a la presunta omnipotencia de Google, Mateo y Olga oponen resistencia: “Algunas personas dicen que en el error subsiste una resistencia, una voluntad de no encajar”. Es inevitable que comparezca aquí la figura de la criatura que se rebela frente a su creador, el error de programación que desvela la iniquidad del programador. Todo el tiempo planea sobre la novela la conocida imagen de Kierkegaard en La enfermedad mortal: “Supongamos que un autor cometiera una errata y que esta llegara a tener conciencia de que era una errata. Entre paréntesis digamos que en realidad quizá no fuera una errata, sino algo que mirándolo todo desde muy alto formaba parte de la narración íntegra. La cosa es que esa errata se declaraba en rebeldía contra el autor y movida por el odio le prohibía terminantemente que la corrigiese, diciéndole como en un loco desafío: ¡No, no quiero que se me tache, aquí estaré siempre como un testigo de cargo contra ti, como un testigo fehaciente de que eres un autor mediocre!”.

domingo, 5 de noviembre de 2017

LOS PACIENTES DEL DOCTOR GARCÍA de Almudena Grandes

Esta novela es la cuarta entrega de un vasto ciclo narrativo constituido bajo el significativo título de «Episodios de una Guerra Interminable». Se inauguró con «Inés y la alegría», a la que siguieron «El lector de Julio Verne», «Las tres bodas de Manolita», «Los pacientes del doctor García» -que ahora se publica-, y se cerrará con «La madre de Frankestein» y «Mariano en el Bidasoa». Almudena Grandes (Madrid, 1960) es autora que siempre tuvo voluntad galdosiana, y resulta evidente que esta serie debe mucho a los «Episodios Nacionales» porque, al igual que el escritor canario en su tiempo, Grandes ha querido describir una serie de acontecimientos de nuestro pasado más inmediato para esclarecer el presente y, de paso, dejar constancia de sucesos sujetos a manipulación por los que fabrican el ayer a su antojo.
«Los pacientes del doctor García» es deudora del mejor «thriller» y encierra una predisposición en los diálogos y en las descripciones que la hacen idónea para llevarse al cine o hacer una serie de televisión, si nos diera por realizar series con cierto interés. Lo pedagógico del ciclo ya se ha explicado, y aquí enlaza con cierto destino galdosiano, pero esta novela posee las cualidades de un buen best seller: está construida con una economía de medios ejemplar, se cuela en el lector por una cualidad de empatía difícil de definir y, además, está pensada para ser leída, a pesar de su extensión, de una tirada. Algunos llaman a esto oficio y no les falta razón. Pero no agota la explicación. La novela está imbuida de una vocación totalizadora de la vida que en estos tiempos de disgregación el lector tradicional agradece porque se hace la ilusión de que se le está explicando el mundo. Ni que decir tiene que Almudena Grandes tiene sobradas cualidades para llevarnos a ese estado, y esta novela es de las emblemáticas de su autora. No es poco.

sábado, 28 de octubre de 2017

VIDA Y DESTINO de Vasili Grossman

Vida y destino realiza una prodigiosa recreación del cerco de Stalingrado, que resultó fundamental para la labor de Antony Beevor. Beevor utilizó la información proporcionada por la novela y escribió una biografía sobre su autor: Un escritor en guerra. Los personajes de Grossman se corresponden con los diferentes rostros de la guerra. El general Yeremenko simboliza el esfuerzo de los militares comprometidos con la victoria, sin ambiciones políticas ni insensibilidad moral. Su serenidad contrasta con el histerismo y mediocridad de Hitler y Stalin, incapaces de controlar los acontecimientos que han precipitado. El dolor de Liudmila por la pérdida de su hijo concierne a todos los que han vivido algo semejante: desgarro, incredulidad, locura. Mostovski, prisionero de los alemanes, al menos conserva el alivio de estar recluido por el enemigo. Es más fácil resistir cuando las alambradas no han sido levantadas por antiguos camaradas. 

La frustración de Zhenia, a la que se deniega una y otra vez el permiso de residencia pese a ser hija de un héroe de la revolución, muestra la impotencia de los ciudadanos ante una burocracia ciega e irracional. La vieja niñera alemana que es deportada por la denuncia de una vecina interesada en su cuarto, más amplio y luminoso, ejemplifica la degradación moral de las sociedades gobernadas por dictaduras, donde se estimula la delación. Grossman posee un enorme talento para describir al hombre en mitad de circunstancias terriblemente adversas. Se ha comparado Vida y destino con Archipiélago Gulag; para algunos, las dos obras más peligrosas para la estabilidad de la antigua URSS.

Es casi imposible medir la repercusión de un libro. Ni siquiera es sensato plantearlo, si bien es cierto que los artículos de Ilya Ehrenburg sobre las atrocidades de los nazis contribuyeron a incrementar las represalias del Ejército Rojo. Las páginas de Vida y destino están dedicadas al sufrimiento de los soldados, a las penalidades de los judíos, al dolor de las miles de familias que enviaron a sus hijos al frente mientras sufrían las privaciones de la retaguardia y las arbitariedades de un régimen que mostraba el mismo desprecio por el ser humano que el Sexto Ejército del mariscal von Paulus. Vida y destino, con sus decenas de historias que giran sobre la guerra, ciudades sitiadas, el apego a la tierra y a los seres queridos, las dudas políticas, morales y religiosas, la tenacidad del existir y la fatalidad del azar, se enfrenta a los aspectos más terroríficos del siglo. Grossman percibe el campo de concentración como el estrato más profundo de nuestra cultura. Su capacidad de organizarse por sí mismo pone de manifiesto que el poder ya no es un centro visible, sino un sistema que puede prescindir del hombre para seguir controlando la historia.


domingo, 22 de octubre de 2017

LA RADIO DE PIEDRA de Juan Herrera

Hay cosas que pese a su naturaleza inerte, acumulan vida. Es el caso de aquellas radios a galena que irrumpieron a comienzos del siglo XX, cuando podemos observarlas en algún museo o durante alguna exposición, o incluso en la casa de alguno de esos privilegiados que todavía conservan algún ejemplar, nos quedamos fascinados por la rudimentaria simpleza y su maravilloso significado.
En el encanto de lo simple, que se nos aparenta como algo inconcebible en la era de la comunicación y la conexión, se compone una armónica sinfonía entre pasado y presente, entre realidad y fantasía.
Y por ahí se mueve Juan Herrera en su debut literario La radio de piedra. Aprovechando esa piedra angular en que se convierte el viejo aparato, se nos abre un mundo pretérito lleno de personajes en ocasiones estrafalarios, esperpénticos, protagonistas todos de una intrahistoria del pasado de un país que nunca salió de la guerra y el olvido en el quedaron pueblos y gentes de aquel entonces. El extrañamiento como forma de vida para todos aquellos que vivían sin problema ajenos a si el mundo seguía dando vueltas o no, si es que alguna vez las había dado.
Una novela que nos despierta sonrisas y simpatías desde la inocencia en algunas ocasiones y desde el estrépito en otras. Pero que a la vez nos ofrece sorprendentes escenas llenas de trascendencia y de sabiduría. Y es que cuando empiezas a pensar que aquellos que no se han subido al progreso permanecen estancados en esa especie de Babia (entre la realidad y la ficción), sin saber nada de cómo funcionan las cosas, acabas sucumbiendo en la ignorancia de tu centrismo cultural.

Retrotrayéndonos a esta España que quedó olvidada durante gran parte del siglo XX recuperamos el sabor de una idiosincrasia perdida, de la picaresca como forma de vida y del mañana como todo futuro. Mientras tanto, los lugareños que ocupan estas páginas seguirán reuniéndose cada noche en torno a la radio de piedra, esperando noticias del resto del mundo más allá de su propio y completo mundo.

sábado, 14 de octubre de 2017

CONTRA MÍ MISMO de Eliseo Alberto

Sobre la experiencia de la revolución cubana se ha debatido casi siempre en defensa de posiciones extremas. A quemarropa. La razón dicta. La pasión ciega. Sólo la emoción conmueve, porque la emoción es a fin de cuentas, la única razón de la pasión […] Lo único imperdonable es el olvido.
Tarde o temprano, los cubanos nos volveremos a encontrar, bajo la sombra isleña de una nube. Hay que estar atentos: el toque de una clave se escucha de lejos.
Las líneas anteriores se encuentran en el libro que Eliseo Alberto (Arroyo Naranjo, La Habana 1951) escribió como un necesario ejercicio de desahogo para expulsar, de lo más profundo de sus entrañas, el desasosiego que le causaba la solicitud que le hicieran oficiales del ejército cubano para que informara sobre las actividades que se desarrollaban en su casa.
Informar era, en esta ocasión, la misión que se le encomendaba al entonces teniente de reserva y militar activo “desde cualquier trinchera”.
Agentes del apartado cubano de iteligencia –si se le puede llamar de esa manera– le ordenaron mantenerlos informados de todo contacto con visitantes extranjeros, independientemente de posturas políticas: “Estamos en guerra contra el imperialismo yanqui […] La guerra es la guerra.
Necesitamos que nos mantengas al tanto de lo que se habla en tu casa. Nunca se sabe dónde va saltar la liebre. Es cosa de rutina. No te prohibimos relaciones con extranjeros, como está ordenado, pero pedimos tu colaboración en esta tarea”. Esas fueron las palabras que a Eliseo Alberto lo llenaron de pavor, como él mismo lo confiesa.
La estructura de Informe contra mí mismo es versátil, flexible, como debe ser cuando se escribe desde el corazón y sin mezquindades. Como una especie de presentación de lo que vendrá más adelante en la obra, en su prólogo van y vienen la emociones, como van y vienen los sentimientos de odio-amor entre los cubanos de la isla y los cubanos en el exilio; sincretismo de recuerdos y nostalgias



sábado, 7 de octubre de 2017

EL GIGANTE ENTERRADO de Kazuo Ishiguro

Obra clave del reciente Premio Nobel de Literatura 2017.
Inglaterra en la Edad Media. Del paso de los romanos por la isla sólo quedan ruinas, y Arturo y Merlín –amados por unos, odiados por otros– son leyendas del pasado. Entre la bruma todavía habitan ogros, y británicos y sajones conviven en unas tierras yermas, distribuidos en pequeñas aldeas. En una de ellas vive una pareja de ancianos –Axl y Beatrice– que toma la decisión de partir en busca de su hijo. Éste se marchó hace mucho tiempo, aunque las circunstancias concretas de esa partida no las recuerdan, porque ellos, como el resto de habitantes de la región, han perdido buena parte de la memoria debido a lo que llaman «la niebla».
En su periplo se encontrarán con un guerrero sajón llamado Wistan; un joven que lleva una herida que lo estigmatiza; y un anciano Sir Gawain, el último caballero de Arturo vivo, que vaga con su caballo por esas tierras con el encargo, según cuenta, de acabar con un dragón hembra que habita en las montañas. Juntos se enfrentarán a los peligros del viaje, a los soldados de Lord Brennus, a unos monjes que practican extraños ritos de expiación y a presencias mucho menos terrenales. Pero cada uno de estos viajeros lleva consigo secretos, culpas pendientes de redención y, en algún caso, una misión atroz que cumplir.
Sumando el viaje iniciático, la fábula y la épica, Kazuo Ishiguro ha construido una narración bellísima, que indaga en la memoria y el olvido acaso necesario, en los fantasmas del pasado, en el odio larvado, la sangre y la traición con los que se forjan las patrias y a veces la paz. Pero habla también del amor perdurable, de la vejez y de la muerte. Una novela ambientada en un pasado remoto y legendario que vuelve sobre los grandes y eternos temas que inquietan a los seres humanos.

«Consigue lo que consiguen los grandes libros: permanece en la cabeza mucho después de haberlo leído, negándose a ser olvidado, forzándonos a volver a él una y otra vez... Excepcional» (Neil Gaiman, The New York Times).

sábado, 30 de septiembre de 2017

EL PAIS BAJO MI PIEL de Gioconda Belli

El país bajo mi piel se divide en cuatro partes: Habitante de un pequeño país, En el exilio, El regreso a Nicaragua y Otra vida. En cada una de ellas, por medio de capítulos cuyos nombres constituyen un resumen de aquello sobre lo que se va a contar, Gioconda va narrando su vida mezclando años y personajes, pero con una progresión temática que nos permite entender el significado de esa oscilación. En el recorrido de sus páginas no solo se habla del amor a la lucha, sino también, de los amores de carne y hueso de esta mujer:  su primer marido con quien se casó a los 18 años después de un noviazgo fugaz, hombre convencional, callado, desapasionado, con quien tuvo dos hijas; su compañero de lucha Marcos, que fue su amante mientras ella todavía estaba casada; el brasilero Sergio, que supo aliviar el enlutado corazón de Gioconda después de una gran pérdida, hombre con el cual volvió a comprometerse con el casamiento y con el que tuvo a Camilo; Modesto, otro compañero de lucha, que no soportó compartirla y la obligó a tomar la decisión de elegir entre Sergio o él, hombre de ánimos cambiantes por el que Gioconda sintió un amor tormentoso; y finalmente, Carlos, su actual marido, padre de su cuarta hija, “puerto de sus tempestades”, dice ella en su dedicatoria. También se detalla la concepción de sus hijos: Miryam, Melissa, Camilo y Adriana; el nacimiento de cada uno y sus complicaciones, las fallas que reconoce de su maternidad, los planteos y las luchas para estar cerca de ellos; los padres, los hermanos, los entrañables compañeros que vio morir a causa de la revolución, los amigos. Todos ellos, van acompañando la historia de vida de Gioconda que es suya y es, a la vez, la historia de una revolución.

En el paseo por su vida, la comandante Belli, que aprendió a usar armas y fue correo clandestino del Frente Sandinista de Liberación Nacional, nos cuenta la historia de un pueblo esperanzado en formar una vida propia, fuera del sometimiento de la dictadura de la familia Somoza. Y lo hace con sus armas de hoy: las palabras.