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sábado, 16 de marzo de 2024

LOS ESCORPIONES de Sara Barquinero

 


Por la eficaz campaña previa de un sello entusiasmado con su apuesta; por el lugar que Sara Barquinero (Zaragoza, 1994) ocupa en primera línea de una renovación generacional desbordante; por sus 800 páginas (el fetiche del tocho como indicio de grandeza todavía conserva el poder de hypear al mercado)… Por muchas razones, Los Escorpiones se publica esta semana en halo de acontecimiento, y traigo estupendas noticias: se lo merece. Ya me gustaría a mí desentonar en el tsunami de elogios hiperbólicos que se le viene encima a Barquinero, por aquello de dar que hablar y también porque las santificaciones súbitas suelen activar amenazas futuras tanto para la autora como para quienes sigamos leyéndola o la releamos tras un tiempo. Pero suceden dos cosas. La primera, que creo en el libro hasta aplaudir. La segunda, que convenza o no a cada uno (el consenso, qué destino sospechoso para una obra), su solidez es imposible de obviar. Precisamente por eso, aparte del previsible rendibú crítico viral, Los Escorpiones permite y merece alentar preguntas más amplias.

Empecemos por lo obvio: 800 páginas. Lo sé, lo sé, escribir una novela larguísima antes de cumplir 30 carece de valor por sí mismo, ¿verdad? ¡Oh, todos somos demasiado listos para caer en reclamos tan burdos! Sin embargo, entre usted y yo, seamos sinceros: el derroche muscular de Barquinero es un gesto intrigante, inesperado por inédito entre los miembros de su promoción. De ahí cierto morbo mamotrético… Entonces, te pones a leer y arranca el verdadero derroche. El grosor es lo de menos. Lo de más es que la autora lo exprime para juguetear con múltiples modelos narrativos, viajar en el tiempo y entre continentes (España, Italia, EE UU…), alternar técnicas o voces, y todo ello sin perder casi nunca ni la coherencia estilística ni una arraigada conciencia de época. En términos de oficio, apabulla la madurez.




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