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domingo, 23 de abril de 2017

LA MUERTE DE ARTEMIO CRUZ de Carlos Fuentes



Novela de 1962 de Carlos Fuentes, es una visión panorámica de la historia del México contemporáneo tal como la rememora un industrial y político agonizante.

Un clásico de la literatura mexicana del siglo XX, que es a su vez una audaz exploración de las posibilidades de representación en la literatura, a través de la superposición de niveles de tiempo, espacio y consciencia narrativos.

En su lecho de muerte, durante su último medio día, el anciano y enfermo Artemio Cruz recuerda: no siempre fue ese triste saco de huesos y fermentos corporales; alguna vez fue joven, osado, vigoroso. Y tuvo ideales, sueños, fe. Para defender todo eso, incluso combatió en una revolución. Más la rapiña, la codicia y la corrupción extinguieron su fuego y aniquilaron su esperanza. Tal vez por ello perdió a la única mujer que de verdad lo amó.

Una reflexión sobre el México surgido de la Revolución Mexicana, pero también de cuestiones tan universales y permanentes como la soledad, el poder o el desamor.

Las revoluciones las hacen los hombres de carne y hueso y no los santos, y todas acaban por crear una nueva casta privilegiada...

La crítica ha opinado: 

"Excepcional, tanto en su forma de abarcar todo el espectro humano como en la sátira corrosiva y el diálogo mordaz" -The New York Times Book Review-

"Sin duda Carlos Fuentes es uno de los más importantes gestores de la transformación sufrida por la novela hispanoamericana en los últimos años, y La muerte de Artemio Cruz una de sus obras más conocidas. Plantea con intensidad (...) la necesidad de representar una realidad que ya no se presenta a la mente perceptora de manera unívoca, clara, concreta, mensurable en sus leyes de causalidad; por el contrario, todo esfuerzo de captación obliga a imaginarla en diversos estratos, cuyo contenido y contornos de deslinde no son siempre determinables con exactitud." -Hernán Vidal-

"Carlos Fuentes organizó esta novela en trece capítulos. En esas escalas, como si fuera un trío de jazz, leemos -escuchamos- un ensamble a contratiempo que va y viene por la mente de un moribundo (...) Con esa estructura no convencional, la historia fluye -por distintas fugas- a través de seis décadas del siglo XX mexicano. Desde el rural novecento y hasta la más cosmopolita década de los años sesenta, vemos a Artemio Cruz exhibiendo, a semejanza de algunos de nuestros connacionales públicos, a un tipo que va en un ascenso público constante, pero con una historia interna desintegrada." -Antonio Valle, La Jornada-

domingo, 16 de abril de 2017

LAS LEYES DE LA FRONTERA de Javier Cercas



La novela se centra en las figuras de Gafitas, Tere y el Zarco, tres delincuentes adolescentes que durante el verano de 1978, en plena época de Transición Española, se dedicaron a realizar robos en una Gerona marginal, muy diferente de la actual. Veinte años después, el Zarco, antiguo líder de la banda, se ha convertido en el delincuente más famoso y mediático de España. Gafitas, en cambio, es ahora el abogado más prestigioso de la ciudad. Motivado en parte por la reaparición de Tere, que actúa como un eje sostenedor de la relación entre los otros dos, Gafitas decide intentar sacar al Zarco de la cárcel.6
La novela está dividida en dos partes, subdivididas en capítulos enumerados. La primera parte se titula «Más allá» y cuenta con nueve capítulos, mientras que la segunda parte se titula «Más acá» y cuenta con doce capítulos. El libro acaba con un epílogo titulado «La verdadera historia del Liang Shan Po», e incluye una nota final de agradecimientos, donde menciona a distintas personas y libros que le ayudaron durante el desarrollo de la novela.12
Cada capítulo, incluyendo el epílogo, está escrito como si se tratase de entrevistas realizadas por un escritor, después del año 2006, a tres personajes, que dentro de la ficción participan de diferentes maneras en los hechos que componen la obra. Como el escritor interviene muy poco en los diálogos, cada capítulo es casi un monólogo. Los entrevistados de la primera parte del libro son el personaje de Ignacio Cañas, alias Gafitas, y el inspector Cuenca, quienes rememoran parte de sus vivencias ocurridas durante el verano de 1978 en Gerona. Los entrevistados de la segunda parte son el mismo Cañas y Requena, antiguo director de la cárcel de Gerona, quienes esta vez hablan acerca de lo ocurrido los últimos años. Gafitas es uno de los protagonistas de la historia, y el narrador principal de toda la obra. Las entrevistas se intercalan sucesivamente, comenzando en ambas partes con declaraciones de Cañas. La primera parte también acaba con una entrevista a Cañas, mientras que la segunda con una de Requena. El epílogo, por su parte, corresponde a la entrevista final que el escritor le hace a Gafitas.16

Cañas idealizó a la banda, pensando en ella como «los del Liang Shan Po», en honor a la banda de forajidos ficticia similar a la de Robin Hood que protagonizaba la serie animada La frontera azul. El Liang Shan Po era el río que separaba a los forajidos de la ciudad tiranizada por el emperador, simbolizando la frontera del bien y el mal, y para Cañas además La Devesa en Gerona19

sábado, 8 de abril de 2017

TRES TRISTES TIGRES de Guillermo Cabrera Infante


Tres tristes tigres es la novela más audaz del llamado «boom» hispanoamericano de los años sesenta, un hito esencial en la narrativa hispánica y una de sus mayores muestras en la tradición moderna y posmoderna. Publicada en 1967, año clave en la historia del «boom» —coincide con Cien años de soledad—, representa dentro de ese cuerpo de por sí experimental un experimento mayor con el lenguaje, con las estructuras narrativas y con la imaginación literaria. El texto escrito, según Cabrera Infante, “en cubano”, que no en español, se caracteriza por sus abundantes juegos de palabras que parten del relajo o humor típico del pueblo cubano. Tres tristes tigres es, en palabras de su autor, “una galería de voces, casi un museo del habla cubana, en la que generaciones por venir podrían oír hablar a sus ancestros”. Una recreación nostálgica de La Habana de 1958, y en especial de su vida nocturna. Un canto a la ciudad, que recrea y mitifica, rescribiendo la “historia” de la cultura habanera.
 A Tres tristes tigres la censura española lo salvó de ser otra cosa. Miriam Gómez, que jamás dejó de ocuparse de su obra, y de inspirarla, rememora desde aquella casa de Londres el tiempo exacto en que nació el libro. Fidel Castro acababa de proclamar la censura revolucionaria: “Con la Revolución, todo, contra la Revolución, nada”. Era 1961. Ese vendaval reaccionario se llevó por delante a escritores y a revolucionarios de primera hora.

El camino al exilio fue lento, pero cuando se produjo, en 1965, ya la suerte de Guillermo y Miriam estaba echada: jamás volverían al escenario de aquella noche habanera de TTT… El libro fue maldito en Cuba, donde sigue siendo una rareza que en un tiempo se cambiaba por latas de leche condensada.
Fernando Savater: “Ese libro de Guillermo, y no digamos ya conocerle a él, nos reveló que un libro puede ser profundo, tierno, emocionante y a la vez una crítica feroz de una situación dictatorial. Si además de eso es enormemente divertido, consigue hacerte reír y encontrar unos golpes humorísticos que luego no se te olvidan, es una auténtica liberación”.

Rosa Pereda, periodista y crítica: “Está llena de carne y sangre, de música y color… No creo que sea un libro humorístico, aunque me he reído mucho con él, y me sigo riendo. Pero es la historia de una esperanza, escrita desde la desilusión. Una desilusión, por cierto, muy temprana, que ya se ve venir en esa larga noche —esas largas noches— de los tigres peripatéticos justo antes de la Revolución”.





sábado, 1 de abril de 2017

UN SEÑOR DE BARCELONA de Josep Pla


Pla es uno de los escritores en lengua catalana más destacados del siglo XX. Su obra ofrece una visión completa de la sociedad de su tiempo. La mayor parte la escribió en catalán, idioma en el que se sentía más cómodo, y solo circunstancialmente lo hizo en castellano (por razones de censura o puramente alimenticias), de forma también brillante, casi siempre en colaboraciones de prensa, como las crónicas italianas, balcánicas y nórdicas de los años veinte en El Sol.
Vivió completamente dedicado a la escritura. La magnitud de su Obra Completa (47 volúmenes y más de treinta mil páginas), que recoge todos sus diarios, reportajes, artículos, ensayos, biografías, novelas y algunos poemas, todo ello procedente de unos 120 libros distintos, da una idea de su formidable capacidad de trabajo al tiempo que dificulta su clasificación cronológica. Muchas de esas páginas son el fruto de un continuo proceso de reescritura de originales no inéditos de juventud y de la reelaboración, traducción y corta-pega de los artículos semanales que durante casi cuarenta años publicó en castellano en la revista Destino, además de cientos de artículos publicados en periódicos dispersos y de una abundante correspondencia.
Las características más importantes del estilo planiano son la sencillez, la ironía y la claridad. Extremadamente pudoroso y sensible al ridículo, detestaba los artificios y la retórica vacua. Durante toda su vida literaria, permaneció fiel a su estilo: «la necesidad de una escritura clara, precisa y sobria» y su desinterés por la ficción literaria, cultivando un estilo seco, aparentemente sencillo, pragmático y apegado a lo real. Fue un observador agudo de la realidad y de sus más pequeños detalles y dio fiel testimonio de la sociedad de su tiempo. Sus obras muestran una visión subjetiva y coloquial, «antiliteraria», en la que destaca sin embargo un enorme trabajo estilístico por llamar a las cosas por su nombre y «dar con el adjetivo preciso», una de sus obsesiones literarias más persistentes

Escritor incansable, hombre de orden aunque de talante liberal, a su modo de ver la vida es caótica, irracional, injusta, y las ansias de igualdad y de revoluciones son un delirio que provoca peores males que los que pretende atajar. Conservador y racional, no siente la acción, aunque sí la voluptuosidad y la sensualidad. Buen conversador, buen comedor y mejor bebedor (ya anciano, el whisky constituía todavía buena parte de su dieta), fumador empedernido de ideales, tocado de joven con un sombrero hongo y más tarde con su inseparable boina de paisano, detestaba la banalidad, la afectación cultural (rara vez incluye citas en sus obras, pese a ser un gran lector de los clásicos) y a «aquellos que hablan escuchándose». Por eso dejó escrito: «Es más difícil describir que opinar, infinitamente más: en vista de lo cual todo el mundo opina.»