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domingo, 23 de julio de 2017

LA FORTUNA DE MATILDA TURPIN de Álvaro Pombo

Antes de enfrentarse a la lectura de este libro cabría hacerse tal pregunta para, de desconocer el suelo que se pisa, dejarla para otro momento. El autor escarba en el texto, secciona y destripa hasta los más mínimos detalles del comportamiento de sus personajes, de sus pensamientos y sus acciones; narra con brío y justifica sin titubeos cada acción y cada movimiento a golpe de filosofía con un carisma y un temple reservados solamente a unos cuantos; reflexiona, a modo de ejemplo, sobre el origen del matrimonio de los protagonistas (un matrimonio son dos soledades que mutuamente se reverencian y se respetan), sobre el modo en que se conocieron y fueron evolucionando, sobre las relaciones con los banqueros (amigos de Matilda) y los profesores de filosofía (compañeros de Juan); analiza exhaustivamente el trabajo de ambos cónyuges y habla de negocios, negocios y más negocios como válvula de escape de la protagonista (frente a innumerables pros, quizá sea éste, a mi parecer, el único contra de la novela), como un modo de entender la vida heredado de su padre; y, cómo no, profundiza en las escenas y los escenarios con la maestría propia de un autor de su categoría y su trayectoria.

La obra está estructurada en tres partes: “Al Asubio”, “Juan y Matilda” y “El Asubio”, y consta de cuarenta y cuatro capítulos perfectamente definidos y diferenciados entre sí. Los diálogos son escasos, si bien van aclarando sucesos que el autor deja en el aire en sus descripciones, y los párrafos excesivos en cuanto a su amplitud, en muchas ocasiones de dos, tres o más páginas. A ello se debe que este libro sea más extenso –quizá el doble, tal vez el triple- de lo que en realidad correspondería a otro de su mismo grosor. No obstante, esto no representa problema alguno, ni por supuesto quiere decir que resulte aburrido, más bien lo contrario, cuando uno se zambulle en la lectura, ésta se torna hospitalaria, ágil, entretenida, si bien en ocasiones el estilo resulta, por culto, difícilmente asimilable

domingo, 16 de julio de 2017

LA VIDA NEGOCIABLE de Luis Landero



Título tan acertado como todos los de Landero— habla de la infinita capacidad de caer y sobrevivir en la miseria y el ridículo. Quizá ahora se nota mucho más que otras veces porque la vida de Hugo Bayo está narrada en primera persona, como si fuera el relato de un pícaro moderno: un baqueteado Guzmán, o un cínico don Pablos, más que un ponderado Lázaro…
Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio
incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus
muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de
Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta,
en que sigue buscándole un sentido a la vida.
Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su
madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del
amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus
fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y
para negociar ventajosamente con su pasado, con su
conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un
lugar en el mundo que lo reconcilie finalmente consigo
mismo y con los demás.
Empieza convocando a que “señores, amigos, cierren los periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos”, y pronto sospechamos que nuestro charlatán es muy consciente de su condición de género literario cambiante: “Mi vida que venía de un drama se convertía en comedia, entra en un tramo festivo, casi de títeres”; “no habíamos comenzado apenas con el folletín, cuando nuestras vidas dieron un giro inesperado hacia el género policiaco”. Nunca se cansa de enfatizar méritos o miserias, o de hacer filosofía barata de sus pasos: “En mi afán de purificarme me hundí todavía más en el oprobio”, pero unas líneas después, “me sentí lleno de fe y rebosante de mí mismo”, quizá porque “aprendí que, por muy bajo que uno caiga, mal que bien acaba por amoldarse a su situación”. A punto de terminar, concluye, otra vez en forma de queja metaliteraria: “¿En qué proporción se mezclan el ridículo y lo sublime, lo trascendente y lo banal, la comedia, la épica, el drama y el folletín?”.



sábado, 8 de julio de 2017

ARRECIFE de Juan Villoro

Hubo un tiempo en que las playas eran un sitio de descanso. En la época del turismo extremo los viajeros necesitan otras emociones. El ex rockero Mario Müller descubre una visionaria posibilidad en el Caribe: los placeres del miedo. Y a orillas de un inmenso arrecife de coral edifica La Pirámide, resort que ofrece peligros controlados hasta que un buzo muere fuera del agua. Reflexión sobre los daños que elegimos para intensificar la vida, esta apasionante novela describe una nueva ecología: el cambio climático vacía los hoteles y el lavado de dinero los regenera como emporios fantasma. Pero Arrecife también es una historia de amistad, amor y redención. Villoro, uno de los mejores escritores latinoamericanos, otorga realidad a una utopía: los problemas de ese paraíso son las virtudes de una novela excepcional.
«Esas atmósferas ominosas que tanto nos recuerdan por momentos a las ficciones apocalípticas o fantasmagóricas de BallardLos diálogos tienen esa sequedad irónica de las mejores respuestas y observaciones psicológicas de un ChandlerArrecife es una novela perfecta a la hora de sincronizar el desdén por la vida que se inflige el narrador y el esfuerzo casi titánico, agónico, de un moribundo Mario, el amigo capital, por indicarle la ruta de su salvación definitiva. En esta magnífica novela de Juan Villoro no hay tiempos muertos» (J. Ernesto Ayala-Dip, El País).
«Lúcida y poderosa lectura del pasado y presente, donde el terror, el sacrificio de los dioses y el mito se confunden» (J.A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia).
«La prueba irrefutable de que uno está ante un escritor de fuste reside en esa envidiable capacidad para cambiar de temas y registros cuando todo parecía dirigido a volver sobre lo mismo» (Ricardo Baixeras, El Periódico).
«Villoro se ha basado, para su libro, en ese fenómeno sadomasoquista de nuestra civilización que lleva a ciertos turistas del mundo desarrollado a disfrutar de un fin de semana en un campo de concentración o en una mazmorra de la Inquisición. Lo que él ha hecho es darle a su ficción unos tintes étnico-mítico-telúricos que la hacen totalmente verosímil… Una magnífica novela» (Iñaki Ezquerra, El Correo Español).

«No queda nada lejos de Crimen y castigo. Hay un asesinato, un diálogo moral potente y un personaje que lucha para redimirse… Villoro nos recuerda que las noticias de violencia son el pan de cada día en México y hay mucho turista que va desafiando el riesgo, consciente que se puede encontrar perdido en un ataque de guerrilla. Es para satisfacer este morbo que La Pirámide ofrece un catálogo de actividades peligrosas, destinado a aventureros temerarios que quieran tener una experiencia próxima a la muerte» (Josep Lambies, Time Out Barcelona).

domingo, 2 de julio de 2017

TORMENTA DE VERANO de Juan García Hortelano


       Hay lecturas que nos acompañan toda la vida como un fantasma, un confidente o un amigo. Hay otras que se pierden muy pronto en un limbo de palabras sin sentido o que terminamos por olvidar, incluso que las hayamos leído al cabo de un tiempo. Las primeras –las que persisten-, lo hacen porque nos enseñan cosas importantes, nos descubren apoyos nuevos para andar por la vida, nos proporcionan asideros hasta entonces desconocidos, a los que agarrarnos en las curvas. Sin duda, son ésas las que valen o merecen la pena. Y como casi todo lo importante también con ellas sufrimos porque nos afectan o nos vemos inmersos en esa trama que no manejamos nosotros sino el autor y nos vemos abocados a seguir leyendo porque nos incumbe de una manera casi mágica lo que ahí pasa. Es la trama de la vida, de nuestra vida al fin y al cabo.
“Tormenta de verano” pertenece sin duda a esa estirpe de novelas. Su autor, Juan García Hortelano, fue un escritor realista. Estrictamente realista. Llegó a afirmar incluso que a la literatura se le mete demasiada metafísica por el culo. Yo asiento. Si literatura es reflejar una realidad desde una perspectiva nueva, él sin duda es un maestro. Un maestro de “hacer ver”.
Comienza con una situación muy dramática; una joven aparece muerta, desnuda, en la playa de una urbanización de alto copete. El shock provocado por la aparición llevará a Javier, el protagonista del libro, a una contínua introspección y a una revisión de su escala de valores. La novela transcurre lenta, plácidamente, mostrando el entresijo de las relaciones de las parejas que veranean en la urbanización. El transfondo del crimen aporta una tensión subyacente leve, pero omnipresente, casi hiperrealista. La resolución del mismo hará que Javier encuentre la calma y que el orden establecido, aunque pleno de hipocresía, vuelva a reinar.

Una novela interesante, escrita con sagacidad. La excusa de la representación emocional nos permite observar, de trasfondo, los enredos y desenredos de los protagonistas de las altas finanzas de los sesenta. Aunque me gustaron más sus cuentos, se deja leer.