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sábado, 30 de diciembre de 2017

NADA de Carmen Laforet

Nada es una novela escrita por Carmen Laforet en 1944, que ganó el Premio Nadal el 6 de enero de 1945; más tarde, en 1948, obtuvo el Premio Fastenrath de la Real Academia Española. La obra llamó la atención no solamente por la juventud de la escritora, que por aquel entonces tenía 23 años, sino también por la descripción que Laforet hizo de la sociedad de aquella época. Frente a quienes dijeron que la novela era autobiográfica, la autora misma escribió, en la introducción a la compilación titulada Novelas (Primera edición de 1957, Barcelona, Editorial Planeta) lo siguiente: "No es, como ninguna de mis novelas, autobiográfica, aunque el relato de una chica estudiante, como yo fui en Barcelona, e incluso la circunstancia de haberla colocado viviendo en una calle de esta ciudad donde yo misma he vivido, haya planteado esta cuestión más de una vez".
Nada es una novela de carácter existencialista en la que Carmen Laforet refleja el estancamiento y la pobreza en la que se encontraba la España de la posguerra. La escritora supo transmitir con esta obra, escrita con un estilo literario que supuso una renovación en la prosa de la época, la lenta desaparición de la pequeña burguesía tras la Guerra Civil.
La protagonista de la novela es una joven, llamada Andrea, que recién terminada la Guerra Civil Española se traslada a la ciudad de Barcelona para estudiar y empezar una nueva vida. Cuando Andrea llega a casa de su abuela, de donde sólo tiene recuerdos de su infancia, sus ilusiones se ven rotas. En este piso de la calle de Aribau, donde aparte de su abuela viven su tía Angustias, su tío Román, su tío Juan, la mujer de este último, Gloria, y Antonia, la criada, la tensión se continúa en un ambiente caracterizado por el hambre, la suciedad, la violencia y el odio. Andrea, que vive oprimida por su tía Angustias, siente que su vida va a cambiar cuando su tía se marcha, pero las cosas no acaban de ir como a ella le gustaría. Sin embargo, en la Universidad conoce a Ena, una chica de la que se hará íntima amiga y que desempeñará un papel importante en su vida, pues junto a ella aprenderá lo que el mundo exterior puede ofrecer.
La novela llega a crear una atmósfera tan asfixiante que consigue traspasar el papel y llegar al lector. Cuando en el ambiente opresivo de esta casa oscura, cerrada, sucia y maloliente, en esta especie de microcosmos, a alguno de los personajes se le pregunta qué le pasa, qué piensa, qué siente, con frecuencia se obtiene la misma respuesta: "nada".

domingo, 24 de diciembre de 2017

EL MONARCA DE LAS SOMBRAS de Javier Cercas

El libro cuenta la historia del tío de su madre, Manuel Mena, falangista y alférez del ejército rebelde durante la Guerra Civil Española, que falleció en combate a los 19 años.23
Cercas comentó a Óscar López, de RTVE, que abordar el asunto de Manuel Mena siempre fue un tema tabú ya que el escritor se avergonzaba del hecho de que su tío abuelo hubiera militado en la falange y que varios de sus antepasados fueran de derechas, además de su procedencia: "un pequeño pueblo de Extremadura". Pero gracias a la ayuda de su amigo, el director de cine David Trueba, Cercas "tomó la determinación de escribir sobre él, y por extensión de su familia, y así reconciliarse con su pasado". La novela, nada convencional, además de narrar la vida y la muerte de este joven que se fue a la guerra a los 17 años, es también "un making of sentimental del proceso de escritura del libro, de las dudas que tuvo antes de escribirlo, del arduo proceso de investigación y de su preocupación sobre cómo la publicación afectaría a su propia familia y a él mismo". Según López, esta es probablemente la novela más sentimental de Cercas.

La novela se va haciendo a la vista del lector. Y es que Cercas no sólo se la cuenta a los lectores, sino a sí mismo —que ha deseado y temido escribirla—; a su madre, que es la sobrina del protagonista; a los vecinos de su pueblo que saben que es escritor, al cineasta y escritor David Trueba (que también podría contar otra historia, la suya, que queda en esbozo). Y a la vez el curso del relato in fieri, que tantea sus alcances pero que nunca vacila en su propósito, dialoga con otras novelas del escritor. Igual que La velocidad de la luz lo hizo con la responsabilidad de haber escrito Soldados de Salamina e igual que El impostor —otra novela compartida activamente con familia y amigos— conversa con Anatomía de un instante. Trueba dice en sus páginas que “no son los libros los que deben estar al servicio del escritor, sino el escritor el que tiene que estar al servicio de sus libros”. Quizá esta novela —escribe Cercas— es el verdadero final de la trama de Soldados de Salamina: un recuerdo que revive y se va configurando como fábula moral. Se escribe para saber más, entender, no juzgar…, porque “las novelas son como sueños o pesadillas que no se acaban nunca”. Y todas las historias se parecen: esta novela tiene como espejo una de Dino Buzzati (El desierto de los tártaros), un cuento de Danilo Kis (‘Es glorioso morir por la patria’) y unos versos de la Ilíada (donde Aquiles muere con honor y belleza) y otros de la Odisea, donde el mismo Aquiles reconoce en el Averno que prefería ser un modesto campesino a un monarca del reino de la muerte. De ahí viene el título de la novela.

domingo, 17 de diciembre de 2017

EVA de Arturo Pérez Reverte

La segunda aventura de Falcó se llama Eva y supera a la primera. Viajera en el barco republicano, Eva Neretva será el principal adversario del héroe, con el que ya compartió en la novela Falcó aventuras erótico-sangrientas, cuando los dos se salvaron mutuamente la vida y ella se apellidaba Rengel. Sigue siendo una comunista fanática a las órdenes de Stalin; Falcó sólo es un fanático de sí mismo, circunstancialmente a las órdenes de “criminales jefes fascistas”, como dice la bolchevique.
Arturo Pérez-Reverte introduce en la acción una intriga más sutil: las relaciones, es decir, el drama entre los personajes, no sólo principales, de su novela. Es un logro el choque entre los capitanes de los barcos nacional y republicano, con ese memorable marino mercante que asume la responsabilidad de su valiosa carga y, sobre todo, de su tripulación. Los personajes secundarios, los que auxilian al héroe y los que tratan de frenarlo, no son decorativos: tienen esencia, añaden profundidad a la fábula.
Falcó sigue siendo Falcó: estilo es carácter. Héroe popular, encarna la atracción de la cultura pop por las marcas emblemáticas. Del sombrero a los zapatos, pasando por la pistola, lo envuelven marcas legendarias como si fueran el uniforme de un superhéroe. Cuando, con sentido del humor, le prende fuego al coche de un altivo capitán que, aparte de ser imbécil y grande de España, merece una bajada de humos, el encendedor es Parker Beacon y el coche un Bentley Speed Six. La ética de Falcó se resume en lo que el narrador llama un “egoísmo lúcido”: salir adelante respetándose a sí mismo, teniendo en cuenta que “siempre que se cruzaba con algún superviviente —de algo, de lo que fuera— se preguntaba qué clase de bajeza había cometido para sobrevivir”. Le apasiona el mundo, del que no quiere ser espectador, sino actor, y su definición de la vida (“una broma de mal gusto, un trámite burocrático, como la muerte”) es casi una cita de Nabokov, aunque Falcó prefiera las novelas policiacas: “Una aventura entre dos noches eternas”.

Su jefe, el Almirante, otro gran personaje, lo juzga “eficaz como una navaja de afeitar afilada e inteligente, un chico de buena familia en versión descarriada, capaz de vender la silla de ruedas de una madre inválida”, pero en el fondo Falcó es un seductor sentimental. Al primero que seduce es a su creador, que escribe sus aventuras con el entusiasmo con que las leerá su público.

domingo, 10 de diciembre de 2017

MIRADOR DE VELINTONIA de Fernando Delgado

Aunando los oficios de narrador y periodista, Fernando Delgado recrea la estampa de un tiempo irrepetible vivido en torno a una casa, Velintonia, la que fuera residencia en Madrid de Vicente Aleixandre. ‘Mirador de Velintonia. De un exilio a otros (1970-1982)’, el nuevo libro del escritor canario, tiene mucho de memoria personal, aunque se centra sobre todo en los otros, y en particular en los exiliados de fuera o de dentro –los habitantes del llamado exilio interior y su círculo de amigos– que fueron reintegrados a la vida colectiva a lo largo de la década de los setenta, entre el tardofranquismo y los inicios de la democracia. Velintonia era el nombre de la calle donde estaba esa célebre casa, un espacio de acogida para la amistad y la poesía que marcó las relaciones de toda una generación de poetas e intelectuales de aquellos años vividos tan apasionadamente.
El libro, según explica su autor, no es un libro sobre Aleixandre sino con Aleixandre, “ni tampoco quiere ser un recuento de los fieles visitantes de Velintonia, porque tampoco es un libro sobre Velintonia exclusivamente. Hablo más de aquellos amigos que nos eran próximos, sin voluntad de excluir a muchos otros que le fueron próximos a Aleixandre, aunque formaran parte de grupos distintos”. No se trata, pues, de una antología, sino que la memoria desordena el relato o lo ordena a su capricho: “Mucho antes de frecuentar aquella casa –explica Fernando Delgado- , yo sabía a través de algunos amigos lo que la casa y su dueño significaban para todos. Velintonia era el nombre de la calle donde estaba la casa de Aleixandre, sí, pero para nosotros, los que allí íbamos, era el nombre de un espacio de la poesía y la amistad. Velintonia era  un espacio de acogida para poetas principiantes y para excelentes poetas de aquí y de allá. Un lugar de encuentro para los muchos y muy variados amigos que Aleixandre tenía en España y en el mundo. Y sobre todo, más que un lugar de fiesta, un espacio para la conversación en el que el poeta recibía generosamente para hablar de la literatura y de la vida con talento, repartiendo muy bien o muy adecuadamente las confidencias. Así que cuando oigo el nombre de Velintonia me vienen voces del pasado que han sido fundamentales en mi vida. Es un lugar de los recuerdos. En mi encuentro con Pablo Neruda, cuando él  pronunció el nombre de Velintonia manifestando las ganas que tenía de volver allí, aquella casa se convirtió para mí en un espacio a conquistar”

sábado, 2 de diciembre de 2017

EL FARROCARRIL SUBTERRÁNEO de Colson Whitehead

El enorme éxito de crítica y público cosechado por El ferrocarril subterráneo(2016) de Colson Whitehead (Nueva York, 1969), novela galardonada con el Premio Pulitzer, el National Book Award y finalista (hasta la fecha) del Man Booker Prize, nos sirve para confirmar una sospecha: que de un tiempo a esta parte el racismo se ha convertido, de nuevo, en una auténtica preocupación para la sociedad afroamericana

Ejemplos no nos faltan: desde la oscarizada 
12 años de esclavitud (2013), de Steve McQueen, al (por qué no) Django desencadenado (2012) de Quentin Tarantino; de la concesión del premio Booker a El vendido (2016), la muy ácida sátira de Paul Beatty, al National Book Award otorgado a El pájaro carpintero(2013), de James McBride. 

Hablar aquí de modas u oportunismos me parece un tanto peliagudo, cuando no ingrato, sobre todo si tenemos en cuenta la gravedad del tema sobre el que giran las obras citadas, por no mencionar su indudable solvencia técnica. La prohibición en Memphis del reestreno de Lo que el viento se llevó (1939) o los recientes conflictos en Charlottesville quizás basten para atestiguar que, en efecto, la abolición de la esclavitud sigue siendo un tema no resuelto en los Estados Unidos a principios del siglo XXI, donde las banderas confederadas parecen ondear, en según qué sitios, con más fuerza que nunca. 

Que desde el mundo de la cultura se trate de combatir, a través de una confrontación artística e intelectual, esa inexplicable enfermedad mental que es el racismo solo debería merecer nuestros aplausos. Por desgracia aquí estamos también para juzgar su calidad, que no siempre acompaña a las bienintencionadas pretensiones, como ocurre con esta novela de Colson Whitehead.