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sábado, 17 de septiembre de 2016

VOCES de Antonio Pochia



Porchia denominó “voces” a sus escritos señalando la radicalidad del habla: lo que se dice y se oye, no lo que se escribe. Nada de escritura ni, menos aún, de texto, aunque la etimología de esta palabra (“tejido”) tenga una nobleza oculta, a pesar de los abusos innobles de cierta crítica y de los mil y un profesores de teoría literaria. Sin embargo Porchia no tejió sino que lanzó sus voces al aire, consciente de su instantaneidad, de su respuesta al misterio del ahora. La cualidad de lo instantáneo no significa aquí negación de la complejidad y diversidad de lo temporal sino afirmación a través de ese punto del tiempo que, al decir ahora, dice siempre y nunca. La rueda del tiempo, cuya circular imagen es tan antigua como los orígenes del hinduismo, se apoya en un punto, siendo el resto intuición y deducción. Todos los siglos y milenios se apoyan siempre en el instante, en este “ahora” mío (el tuyo “ahora”) en que escribo. Porchia rumiaba sus voces, hasta que las llevaba al papel, penetrando en ese ahora que, curiosamente, salta el tiempo porque no está anclado en la historia. La reflexión, rozando a veces lo poético o el enigma, es radical, desciende o sube a la raíz (hay raíces aéreas), de ahí que en realidad se pueda situar a Porchia en cualquier lugar y, me atrevería a decir: en cualquier época. Hay escasa historia en este hombre que vivió en barrios populares y siempre rodeado de amigos pintores. Desde Roger Caillois –que lo descubrió no sólo para los franceses sino para muchos poetas cultos argentinos– la pregunta sobre el enigma Porchia se ha reiterado: fue ajeno a las letras en buena medida y sin embargo es autor de una obra memorable que fascinó, por citar sólo a algunos, a André Breton, Henry Miller, y de manera especial, a Alejandra Pizarnik y Roberto Juarroz. De hecho, si hay que pensar en un 
antecedente de la poesía de Juarroz, el primer nombre es el de Porchia. Él mismo –no muy dado a aceptar influencias de sus coetáneos– señaló su admiración y deuda.


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