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sábado, 7 de noviembre de 2015

MEMORABILIA de Juan Gil - Albert



Tres obras maestras se reúnen en este volumen memorialístico del gran poeta y prosista Juan Gil-Albert. En la primera y más extensa, Memorabilia, el autor nos invita a entrar en el mundo arcádico de su adolescencia –la familia, el colegio, Alcoy y la finca El Salt– hasta la guerra civil, que quebró aquella existencia plácida y refinada. Por sus páginas desfilan, en memorables retratos, Ramón Gaya, Luis Cernuda, Federico García Lorca, María Zambrano y Manuel Altolaguirre, entre muchos otros. Drama patrio, a su vez, ahonda en la guerra civil, revisitada no sólo con distancia (se escribe en 1964, como reacción a los «25 años de paz»), sino también, como afirma Gil-Albert, con el propósito de dejar constancia «de lo que he visto y he vivido, de lo que oí y pensé» en torno a la contienda; tres poemas complementan este texto, ofreciendo una cara más íntima de la época en que el autor regresó a España, en plena posguerra. En el último libro, Los días están contados,Gil-Albertreunió varias crónicas sobre algunos referentes de su particular universo, desde Visconti u Ortega y Gasset, hasta una reflexión sobre el hombre y el mundo en que le toca vivir, como proyección de una preocupación más honda: el paso del tiempo. 
Estos tres libros fueron publicados anteriormente, cada uno por separado, por Tusquets Editores en la colección Marginales: Memorabilia, en 1975, Drama patrio, en 1977, y Los días están contados en 1974, los tres en vida del autor. Ahora, el presente volumen nos devuelve la admirable prosa autobiográfica deGil-Albert, «el gran memorialista», como afirmó el poeta Juan Luis Panero, «de tantas páginas imprescindibles».

Acaso al amparo del centenario de su nacimiento, Juan Gil-Albert tenga ahora la posibilidad de una nueva vida pública, temo que no muy dilatada, pero sí del todo oportuna. A ello contribuirá la afortunada iniciativa de la Editorial Tusquets de hacer un tomo con tres de sus escritos autobiográficos, que este mismo sello ya había difundido en volúmenes sueltos hace un cuarto de siglo. Esos textos, independientes pero conectados por su inspiración memorialística, son Memorabilia, Drama patrio y Los días están contados. Estas obras tienen registros y texturas comunes, pero también rasgos diferenciadores. Los días están contados despliega una reflexión vital sosegada y senequista, en la que el autor se encarama hasta cimas de emocionalidad, con un sentimiento elegíaco muy vivo y contenido. También figura ahí el ensayo «Viscontiniana», con finas observaciones sobre los impulsos creativos del cineasta italiano, sobre las relaciones entre cine y literatura a propósito de la versión que el viejo director neorrealista hizo de Muerte en Página 1 de 3 Venecia, de Thomas Mann, y sobre el poderoso imperio de los sentidos, que Gil-Albert aprovecha para explayarse acerca de un motivo literario ajeno, el de la homosexualidad, que lo era también suyo, tanto literario como vital.


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