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domingo, 7 de marzo de 2021

EL HUERTO DE EMERSON de Luis Landero

 


Los recuerdos nos ayudan a ser quienes somos.

El libro del que te quiero hablar hoy trata de eso, de recuerdos. De los recuerdos, que Luis Landero maneja como pocos lo hacen, transformándolos en alimento para nuestro espíritu y nuestra mente.

Dicen que inyectarse heroína produce una sensación tan placentera que es fácil engancharse a ella. Que es difícil igualar la sensación que produce en nuestro cuerpo y que una vez que la pruebas ya no hay marcha atrás.

Eso mismo pasa con El huerto de Emerson, de Luis Landero, recién editado por Tusquets.

Una vez que empiezas a leerlo ya no puedes parar.

No sé qué pasa, qué extraño mecanismo pulsa con cada una de sus palabras, de sus frases, de sus párrafos, que consigue que te quedes pegado al libro como si estuviera imantado y tus ojos fueran de hierro.

Probablemente sea eso, que consigue que sus recuerdos los hagas tuyos y que vivas a través de sus palabras una vida que no ha sido la tuya pero que podría haberlo sido.

Sé que me va a costar mucho encontrar algo después de El huerto de Emerson que me guste y me llene tanto, pero también sé, y eso es lo bueno de la buena literatura, que cuando parece imposible que una historia te sorprenda, cuando crees que ya nada te llenará igual, de repente llega a tus manos un nuevo libro y se produce el chispazo, el enamoramiento.

Tras el éxito prolongado de Lluvia fina, Luis Landero retoma la memoria y las lecturas de su particular universo personal donde las dejó en El balcón en invierno. Y lo hace en este libro memorable, que vuelve a trenzar de manera magistral los recuerdos del niño en su pueblo de Extremadura, del adolescente recién llegado a Madrid o del joven que empieza a trabajar, con historias y escenas vividas en los libros con la misma pasión y avidez que en el mundo real. En El huerto de Emerson asoman personajes de un tiempo aún reciente, pero que parecen pertenecer a un ya lejano entonces, y tan llenos de vida como Pache y su boliche en medio de la nada, mujeres hiperactivas que sostienen a las familias como la abuela y la tía del narrador, hombres callados que de pronto revelan secretos asombrosos, o novios cándidos como Florentino y Cipriana y su enigmático cortejo al anochecer. A todos ellos Landero los convierte en pares de los protagonistas del Ulises, congéneres de los personajes de las novelas de Kafka o de Stendhal, y en acompañantes de las más brillantes reflexiones sobre escritura y creación en una mezcla única de humor y poesía, de evocación y encanto. Es difícil no sentirse transportado a un relato contado junto al fuego.




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