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domingo, 2 de agosto de 2020

UNA LIBRERIA EN BERLÍN de Francoise Frenkel


El ejemplar de Una librería en Berlín que, por lo que me contaron, había sido hallado recientemente en Niza en un tenderete de la Comunidad de Emaús, me ha causado una curiosa impresión. Quizá sea debido a que había sido impreso en Suiza en el mes de septiembre de 1945 por la editorial Jeheber, de Ginebra. Esta editorial, que hoy en día ya no existe, había publicado en 1942 L'aventure vient de la mer, traducción francesa de una novela de Daphne du Maurier aparecida en Londres el año anterior, una de esas novelas inglesas o americanas prohibidas por la censura nazi y que se vendían a escondidas en el mercado negro en el París de la Ocupación.

No se sabe qué fue de Françoise Frenkel después de la publicación de Una librería en Berlín. Al final de su libro, ella misma nos cuenta cómo cruzó clandestinamente la frontera suiza desde la Alta Saboya en 1943. Según se indica en la parte inferior de una de las hojas preliminares, escribió Una librería en Berlín en Suiza, «a orillas del lago de los Cuatro Cantones, 1943-1944». A veces hay extrañas coincidencias: en una carta que Maurice Sachs envió pocos meses antes, en noviembre de 1942, desde una casa del Orne donde estaba refugiado, encuentro, como quien no quiere la cosa, una frase con el título del libro de Françoise Frenkel: «Parece que mi línea, si no mi destino, es no tener ningún sitio donde descansar».

 Frenkel publicó su testimonio en los años 40: lo escribió en 1943, justo tras los hechos que narra, y se publicó en 1945 en Suiza. Como sucede en demasiadas ocasiones el libro pasó desapercibido. Solo se ha encontrado una pequeña recensión en la prensa de la época sobre el texto. Lo publicó un periódico o revista, Le Mouvement féministe, el medio de comunicación de las asociaciones feministas suizas. Aunque la reseña buena, el libro no logró aparecer en otros medios, perdiéndose para el futuro el potencial y la calidad literaria de la historia, a no ser...que interviniera la suerte, como afortunadamente ocurrió en la persona de un escritor. Frenkel refleja su experiencia con una poco habitual contención emocional

 Más que escribir un libro de denuncia y horror sobre las persecuciones y el terror de la vida de clandestinidad, la autora -como escribe en su dedicatoria- rinde homenaje “a los hombres de buena voluntad y valentía inagotable” que lograron “resistir hasta el final”. No hay crítica dura ante determinados comportamientos, sino un señorial desdén moral. Y dedica su esfuerzo narrativo a contarnos la generosidad de muchas personas que la ayudaron altruistamente. Su amor a la literatura, especialmente a la francesa, es otro de los elementos distintivos de este libro emocionante. Como dice Patrick Modiano en su prólogo: “Prefiero no conocer el rostro de Frenkel, ni las peripecias de su vida tras la guerra, ni la fecha de su muerte... De ese modo, su libro será siempre para mí la carta de una desconocida, olvidada en la lista de correos desde hace una eternidad y que parece que recibes por error, aunque tal vez eras, en realidad, su destinatario”. Excelente iniciativa de la editora de añadir un "Dosier" con documentación de la escritora y de sus vivencias, fotos -ninguna de ella- y papeles oficiales sobre sus pertenecías y un litigio con Alemania sobre indemnizaciones. Todo ello más que aclarar la enigmática figura de Frenkel logra aumentar la misteriosa vaguedad de su existencia.


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